✼ Y no…

¿Qué pasaría si esta libreta se quedara vacía?

¿Por qué no puedo escribir ya?

Si me quedo sola por no dar el paso, por no saltar…

Salir del abismo tiene sus consecuencias, salir del vacío te abre huecos nuevos.

Y puede que esta libreta se quede sola, porque el formato no es el adecuado. Y el tiempo. El tiempo no es tiempo si estás ocupado. La vida se acorta. Aunque la vida es siempre corta, porque está llena de huecos.

Y no.

Quizá la liberta no se quede vacía, porque lo que hay que vaciar es la estúpida necesidad de llenar algo, dejar algo.

Entonces puede que yo nunca termine de vaciarme, porque quizá el tiempo no me alcance para alcanzar a mi pensamiento y hablar, o escribir, o saltar y dar el gran paso  hacia un vacío lleno de necesidades.

Y no, puede ser que la libreta no se quede vacía…

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✼ Pureza…

 

Pureza,
            ¿qué pureza?

Si todos tenemos un vicio, un estanco de perdiciones,
una moneda al aire de valor ficticio… como el cacao.
 Al menos nada, si nada existe y todo es irreal. 

¿Qué pureza entonces?
¿Qué puta y redentora pureza?
¿Cuántos pecados a confesar?
Si todo es una moneda al aire que compra vicios,
que vende desquicios.
Y sólo te calma el cacao… otro vicio.

Qué maldita pureza veo en tus ojos, en tus labios,
en tu cabello color del cacao, marchito y sediento.
Qué pureza en tu alma y la mía, vacías de costilla a costilla.
Y me relleno la pureza en una taza oscura,
oscura como mis cuentas pendientes conmigo,
contigo,
con una pureza con la que no he nacido.

Porque ya era oscuro entonces,
antes incluso de mí, de la tierra. 
Qué pureza queda si hasta el cacao me recuerda a ti,
al vicio de ti,
a mi impureza de ti… 


✼ 27

27

Luchas en contraste y plena oposición de las virtudes cosechadas. Defectos que no se van. Tres kilos de ropa por lavar. No hay espacios… Rebeldía adolescente pendiente aún de salir.

(Y todavía no me gusta la autoridad impositva.) Commi por instinto, anacrónica por vocación, olvidada por descuido, creciendo por resignación.

27 pensamientos inclasificados e inconclusos. 27 generaciones de reflexiones sin vértebras ni principios. 27 mudanzas de alma, vida y corazón. 1 sola persona. 1 sola especie. 1 sola nada sin trascendencia. El infinito cigarrillo de la vida, la intransigente y despojada juventud, la renuente insatisfacción de las escaleras que suben (o bajan), filtros de cartón. 27 hojas de papel mojado para una primavera temporalmente eterna e indecisa. Impredicción. Introspección. Infructosidad y reducción. 27 teoremas sin resolución.

27 casas para 1 hogar.

27 años.

27.

✼ Yo-sombra

En una de las fases de mi proceso de re-armado, en el proceso post-corte de pelo, comencé a fijarme en mi sombra. Me gustaba como mi cabello saltaba libremente por ecima de mis hombros, intentando tocarles, con cada paso que yo daba sobre la acera de la calle Urgell, subiendo hacia Gran Vía. Me gustaba ver la sombra de las 4 de la tarde… Y por las mañanas… Esas mañanas de invierno decadente y pre-primaveral. Yo misma dibujaba mi silueta en la calle, frente a mí misma y me gustaba verla sobre todo cuando iba a la Biblioteca del barrio. Me gustaba la Biblioteca. Me gusta. Mi cabello seguramente daba más saltos cuando iba allí.

La primavera me trajo todo un torbellino de sombras, graffiteó conmigo en spray negro mis paredes, mis suelos, la acera, el pavimento… La sombra me definía, me estilizaba, me encerraba en algo que yo estaba entonces contruyendo. Yo no tuve un lienzo en blanco, tuve un lienzo en negro. Y a partir de ahí vinieron luego los cristales y los reflejos en esos cristales que me devolvieron poco a poco la alegría del color (aunque en marzo los tonos aún eran oscuros en la chaqueta, bufanda y gorrito bajo las lluvias de primavera).

El verano prometía color y lo cumplió. El sol ha llegado a todas partes. Las sombras se hacen obvias pero se pierden entre la gente, se mezclan con todos y con todo se emborrachan de sí mismas. Ha explotado la revolucion de las sombras, todas construyendo una, la más grande, la supersombra que nos consume.

Me he construido a partir de mi sombra, la más coqueta, la mas ingenua, la de la primavera, la reluciente y exquisita primavera, pero sobre todo en la del invierno. Con ese sol que es escaso y refulgente, blanco, blanco, blanco, sobre azul cortante, fino, exacto. El sol del invierno es exacto, filoso como un cuchillo, preciso como un compás y punzante como una inyección.

Yo confío en mi sombra. La sombra es un espejo (pero sobre todo, vivo reflejo).