ME CAGO EN CORTÁZAR

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En el baño de hombres de la biblioteca Bonnemaison, la que está cerca de la Vía Laietana, alguien transcribió el capítulo 7 de “Rayuela”. Está ahí, con una caligrafía adolescente, en la puerta del cubículo del medio.

Me quedé bastante rato, releyendo esos pasajes que yo le recitaba de memoria en la cama. Ahora no me acuerdo cómo se sentía, pero recuerdo que era intenso. Yo también dibujaba con mi dedo sobre un rostro, pero yo contorneaba una nariz grande, curva, “fea”, decía ella. Aunque no le importaba lo que nadie pensara excepto yo. Y a mí me gustaba.

Realmente no recuerdo cómo se sentía, pero sé que me ardió cuando terminó. Cómo se sentía no, pero sí que nunca antes había sido tan feliz, con todo y las incertidumbres. Tampoco había sentido un sexo como aquél. Corrijo, el sexo caluroso, apasionado, incluso emocionante… eso sí. Pero no el amor, nunca había sentido un amor así.

Mi vulnerabilidad me indició que estaba ante una señal del destino, a pesar de la falta de poesía de ese inhóspito servicio. Yo, cagando en la biblioteca, no era ni por poco un cuadro de película experimental introspectiva. Sólo era yo conmigo mismo, Cortázar en la puerta, y mis recuerdos de mierda.

Mientras lavaba mis manos rememoré cuando tenía flores en la boca, cuando me acercaba tanto a su mirada que jugábamos al cíclope, cuando la vida sabía a fruta y yo temblaba dentro de ella como luna en los charcos. Volví a Cortázar ese mismo día. A ella no; porque ya no sabía cómo se sentía.

Cuando volví a la biblioteca, dos semanas después, a devolver la Rayuela que apenas había hojeado, desnudo sobre la cama, esperando que me calentara más de lo que me calentaban las mantas, regresé también al baño. Tuve que esperar a que saliera del cubículo del medio un puberto regordete que poco sabía de lo que yo había venido a buscar. Poco sabía, porque ya habían borrado la transcripción. Tiré de la cadena, decepcionado. Allá se iban mis ganas de volver a verla.

TINTA BLANCA

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Salí de tu casa al sol de un día de primavera, al sol que no había visto dentro de esa casa de balcones clausurados con los candados de un pasado que aún no puedes dejar atrás. Salí sintiéndome vacía y rota. Tenía ganas de más, de todo lo que intuyo podrías darme. Me temblaban las piernas como tiemblan ahora los dedeos de la mano con la que dejo resbalar el bolígrafo sobre el papel en este baile solitario.

Tu boca, escasa en besos, abundante en citas de Kafka, Kundera y Cortázar, repiten sin cansancio la métrica del amor consonante. La tinta que escurre por la punta del bolígrafo es la que te abre mis piernas cuando me dejas hacerte el amor entre sombras palpitantes y ganas inconclusas de un aquí-ahora.

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Consecuencias virtuales de no follar

El pasado sábado 14 de julio, una mujer con domicilio en la ciudad de Barcelona, se negó vía Whatsapp a realizar el llamado acto sexual con un conocido. Tras la negativa, el rechazado le envió su polla en versión descomunal (ver foto). Quizá por si se le antojaba. La mujer ha argumentado inocencia excesiva al confiar en el cuento de “Quiero ser tu amigo” y explica que le pareció fácil negarse. “El no salió desde lo más profundo de mi ser”, dice. En consecuencia, el desairado la eliminó de su cuenta de Facebook tras llamarla “malcogida” también vía telefónica.

La mujer recuerda una experiencia anterior en la cual, tras otra negativa, el rechazado comentó “¿No vives en España, donde las mujeres son muy open mind?”. Se sospecha que la poca experiencia de aquel hombre le llevó a confundir el término con el de “me acuesto con cualquiera”.

El asunto lleva a la conclusión de que el ego herido de un macho beta puede generar confusiones. Sobre todo, si se considera que este tipo de especímenes cargan altas dosis de hormonas no satisfechas y acumulación de calor en sus partes nobles. Eso hace comprensible su actitud.

El veredicto es “inocente y libre de cargos para ambas partes”. La condena: risas hasta el amanecer y pajas como las de cualquier otra noche en solitario.

✼ Nothing but mammals…

A M. le gusta mucho poner esta canción:

Hacía bastante que no la escuchaba, hasta que él empezó a hacerla famosa en las VillaRola-YouTube-Nights.

Dejando de lado la guarrería, el albur y la nostalgia noventera (que tanto nos invade a los que ya pasamos del primer cuarto de siglo), este súper hit me sirve para ilustrar mi punto (mi punto crítico, no otro).


You and me, baby, ain’t nothing but mammals…

¿Somos los seres humanos los únicos animales a los que nos da vergüenza que nos vean follar?

Supongo que cuando estábamos forrados de pelo, y andábamos todavía entrenándonos para ir en dos patas, hubo algún momento en la vida en que nos valía madre y follábamos como conejitos sobre el césped, las piedras, el hielo, o sobre el mamut de turno. Pero seguramente hubo algún momento histórico en el cual, el hombre y la mujer empezaron a esconderse tras el mamut, las plantitas o las piedras a la hora de la acción sexual.

Los religiosos me dirán que fue en el momento en que Dios expulsó a Adán y a Eva del Paraíso. La web del Vaticano nos da una pequeña explicación:

Las palabras del Génesis 3, 10: “temeroso porque estaba desnudo, me escondí”, […] demuestran la primera experiencia de vergüenza del hombre en relación con su Creador. Esta vergüenza, cuya causa se encuentra en la humanidad misma, es inmanente y al mismo tiempo relativa: se manifiesta en la dimensión de la interioridad humana y a la vez se refiere al “otro”. Esta es la vergüenza de la mujer “con relación” al hombre, y también del hombre “con relación” a la mujer: vergüenza recíproca.*

El Vaticano, en palabras de su fallecido líder Karol Wojtyla, parece tener claro incluso cuáles han sido las consecuencias del “pudor original”. Este texto no va más allá y no habla sobre el tener relaciones sexuales en público. Pero quizá tendríamos que intuir que si, según la Iglesia Católica, todos somos hermanos, y entonces follamos entre nosotros, básicamente somos unos incestuosos. Así que mejor hacerlo en privado, ¿no?

Vuelvo a mi pregunta original, ¿cuándo empezamos a tener vergüenza de que nos vieran follar? ¿Tiene algo que ver alguna(s) religión(es) en esto? (Si es así, quizá entonces los Moteles tienen una historia paralela a la de la expansión de la religión.) ¿O esto del pudor fue previo a la religión?

Discovery Channel vs. el Porno

Hace dos días veía el programa Vidas Anónimas que transmite La Sexta. Uno de los protagonistas era un cineasta de porno y le acompañaban a filmar algunas escenas en varios sitios públicos. Claro, mirones hubo bastantes. Varios de ellos y ellas (más ellas que ellos) les dijeron a las cámaras que por qué tenían que venir a hacer “eso” en sitios públicos. Que no tenían nada en contra del sexo, ¡pero hacerlo en privado, hombre!

Claro, si fueran dos leones los filmaría el Discovery Channel, pero si son dos humanos, que vengan los del porno.

Así que aquí les dejo un pequeño test.

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ale · oseguera

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* Fotos encontradas en Google Images.
* Wojtyla, Karol (1980). “Metafísica del Pudor”. Web del Vaticano. http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/audiences/1980/documents/hf_jp-ii_aud_19800528_sp.html