ALICIA Y PETRA, ETERNAS PENITENTES

Alicia, Margarita y SegioQué grande es Petra Delicado, detective audaz, irónica, sensible e idealista. Pero más grande aún es su creadora, la escritora Alicia Giménez Bartlett.

Ayer, en el marco del festival de novela criminal, BCNegra 2013, tuve la oportunidad de asistir a la charla con la escritora. Participaba también su amiga Margarita García Gómez, inspectora del Cuerpo Nacional de Policía de España, y el escritor Sergio Vila-Sanjuán.

El gran sentido del humor y la deliciosa ironía de Giménez Bartlett hicieron del evento un deleite. Aquí rescato unas cuantas perlas y reflexiones extraídas de la conferencia, tanto de la novela, el célebre personaje, el hecho de ser mujer, y la literatura en general.

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✼ Corriendo

(Éste texto fue rechazado por Transports Metropolitans de Barcelona porque no cumplía con uno de los requisitos: respetar los valores ciudadanos de los usuarios del metro y autobús. Por ende, no pudo ni participar en su concurso de Sant Jordi… Pero a mí me gusta.)

 

Corriendo, siempre corriendo. Tanto que no alcanzo a respirar. Me persiguen. ¿Quién, quiénes? Me subo al metro. Me río. Me bajo, me vuelvo a subir. Sigo corriendo entre túneles y andenes, incluso en las vías. Voy, vengo. Estoy huyendo. Los metros no son como los de las películas, al menos no el de Barcelona. Las luces no tiritan, los metales no claquean, la gente no te mira raro; la gente no te mira, todos son extraños. La luz está siempre encendida, la música siempre está sonando. Suena mi móvil, mis cascos, el de la guitarra, el del acordeón, el que canta. Sigo corriendo. ¿Cómo llegué aquí?

Salif, Max y yo, llenos los tres, plenos, con el punk en el móvil y la cartera vacía. Son las 3 de la mañana y es sábado. Esperamos el momento frente a los donuts de la estación Catalunya. 

Hemos recorrido una y otra estación, siempre cambiando de línea, cambiando de tren. No hemos pagado la entrada ni hemos pensado en hacerlo. A las tres de la mañana puedes brincarte la seguridad y salir corriendo… si te pillan. Ha sido así esta noche. Hemos escrito en cada vagón de este tren. Siempre las mismas frases, las mismas pintadas, siempre el mismo color magenta: “Háblame”, “Escúchame”, “No te tengo miedo”, “¿Por qué no me miras?”. Un cigarro antes de seguir corriendo. Nos ha delatado nuestra nube gris. 

Me enferman todos los que no te miran a los ojos; por eso pinto, para que me miren. Lo hago en los vagones, las paredes, los asientos, los cristales. Dibujo bigotes en Penélope Cruz, muestro mi lengua al conductor, hago surfing en La Pau. Me cuelgo de las manivelas y los fierros del último vagón del tren que va de Bellvitge a Carrilet, que es donde vive Max. Y afuera de los donuts, esperamos el momento, tratando de perdernos entre todos estos guiris que se van de fiesta. 

El reggaetón comienza a sonar en el móvil de Max. Las suecas se incomodan. Les guiño el ojo, pero sólo tengo dieciséis años. Em dic Carles, Carles García Balaguer (eso no lo sabrán los mossos). Vivo al final de la línea roja (eso tampoco voy a decírselos… porque voy a huir). 

Viene el mosso, viene el guardia, arriba la autoridad. Hay cámaras por todas partes. No saben que yo soy Carles García Balaguer, pero saben que tienen que cogerme. Y corro. Patino sobre las bancas, salto sobre la gente. Me pierdo entre la línea verde y la roja, me pierdo entre el metro y el ferrocarril. Pierdo a Salif y pierdo a Max. No sé dónde estoy: línea roja, línea verde, ferrocarriles de la Generalitat, línea amarilla, azul, violeta, el bus número 34, avenida Diagonal. Tengo miedo. Tengo frío. Es mi culpa. Llamo a Salif, llamo a Max. No soy el único que pinta en el metro, le digo al de seguridad. No, me contesta, pero eso no quiere decir que… Le interrumpo. Ya lo sé; pero sólo tengo dieciséis años y mucha rabia contenida. Me llamo Carles García Balaguer y también soy usuario del metro, como toda esa gente que no me mira.

alguna estación de la línea roja

 

ale · oseguera