✼ Nothing but mammals…

A M. le gusta mucho poner esta canción:

Hacía bastante que no la escuchaba, hasta que él empezó a hacerla famosa en las VillaRola-YouTube-Nights.

Dejando de lado la guarrería, el albur y la nostalgia noventera (que tanto nos invade a los que ya pasamos del primer cuarto de siglo), este súper hit me sirve para ilustrar mi punto (mi punto crítico, no otro).


You and me, baby, ain’t nothing but mammals…

¿Somos los seres humanos los únicos animales a los que nos da vergüenza que nos vean follar?

Supongo que cuando estábamos forrados de pelo, y andábamos todavía entrenándonos para ir en dos patas, hubo algún momento en la vida en que nos valía madre y follábamos como conejitos sobre el césped, las piedras, el hielo, o sobre el mamut de turno. Pero seguramente hubo algún momento histórico en el cual, el hombre y la mujer empezaron a esconderse tras el mamut, las plantitas o las piedras a la hora de la acción sexual.

Los religiosos me dirán que fue en el momento en que Dios expulsó a Adán y a Eva del Paraíso. La web del Vaticano nos da una pequeña explicación:

Las palabras del Génesis 3, 10: “temeroso porque estaba desnudo, me escondí”, […] demuestran la primera experiencia de vergüenza del hombre en relación con su Creador. Esta vergüenza, cuya causa se encuentra en la humanidad misma, es inmanente y al mismo tiempo relativa: se manifiesta en la dimensión de la interioridad humana y a la vez se refiere al “otro”. Esta es la vergüenza de la mujer “con relación” al hombre, y también del hombre “con relación” a la mujer: vergüenza recíproca.*

El Vaticano, en palabras de su fallecido líder Karol Wojtyla, parece tener claro incluso cuáles han sido las consecuencias del “pudor original”. Este texto no va más allá y no habla sobre el tener relaciones sexuales en público. Pero quizá tendríamos que intuir que si, según la Iglesia Católica, todos somos hermanos, y entonces follamos entre nosotros, básicamente somos unos incestuosos. Así que mejor hacerlo en privado, ¿no?

Vuelvo a mi pregunta original, ¿cuándo empezamos a tener vergüenza de que nos vieran follar? ¿Tiene algo que ver alguna(s) religión(es) en esto? (Si es así, quizá entonces los Moteles tienen una historia paralela a la de la expansión de la religión.) ¿O esto del pudor fue previo a la religión?

Discovery Channel vs. el Porno

Hace dos días veía el programa Vidas Anónimas que transmite La Sexta. Uno de los protagonistas era un cineasta de porno y le acompañaban a filmar algunas escenas en varios sitios públicos. Claro, mirones hubo bastantes. Varios de ellos y ellas (más ellas que ellos) les dijeron a las cámaras que por qué tenían que venir a hacer “eso” en sitios públicos. Que no tenían nada en contra del sexo, ¡pero hacerlo en privado, hombre!

Claro, si fueran dos leones los filmaría el Discovery Channel, pero si son dos humanos, que vengan los del porno.

Así que aquí les dejo un pequeño test.

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ale · oseguera

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* Fotos encontradas en Google Images.
* Wojtyla, Karol (1980). “Metafísica del Pudor”. Web del Vaticano. http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/audiences/1980/documents/hf_jp-ii_aud_19800528_sp.html

✼ Cuerpo/Conciencia/Razón

El homo-sapiens ha evolucionado también hacia un punto en el cual se ha alejado de su faceta animal para reinventarse a partir de una idea de animal superior. Sin embargo, nuestras funciones primarias nos mantienen con un par de extremidades en la tierra (al menos por ahora). Dormir, por ejemplo, es una actividad completamente orgánica y animal. 

Partamos de aquí.

Cuando dormimos actuamos no-racionalmente, incluso sobre aquellas funciones básicas sobre las que hemos desarrollado un control racional. Un ejemplo básico: echarse pedos.

Cuando estamos despiertos, se dice que estamos concientes. Obviamente luego entramos a que hay una sub-conciencia que sigue actuando mientras dormimos… conciencia igualmente. 

Partiendo de la aceptación de que existe una conciencia (con sus sub-partes), podemos reconocer al ser humano en el siguiente esquema:

esquema del ser humano

La conciencia, al estar presente las 24 horas del día sería el archivo o disco duro donde se almacenan todas las experiencias de tu vida y por ende, sería este “ente superior” que estaría encargado de tomar cada decisión en tu vida, desde las decisiones voluntarias, hasta aquellas motividas por impulsos. De este modo, obtenemos fácilmente una explicación a esa famosa frase: “Me traicionó mi conciencia”. 

Me surge una pregunta: ¿bajo qué criterios nuestras conciencias nos “mueven”? La primera teoría que me surge es la de que actuamos siempre pensando en nuestra propia súpervivencia… (Pero luego pienso en todas esas acciones autodestructivas que el hombre realiza y ha realizado en la búsqueda de su propia adaptación a su entorno -que ha resultado en la adaptación de su entorno para sí mismo-. Y pienso hasta qué punto el hombre es conciente de su autodestrucción.)

Me surge otra: ¿la conciencia se aprende o es innata?

Y otra: Si la conciencia es todopoderosa y omnipresente dentro de nuestro microuniverso personal, ¿podemos equipararnos con el concepto (repito, el concepto) de Dios?

Pongo un ejemplo: 

JU era un chico de diecisiete años. Estaba por terminar el bachillerato y lo más seguro es que obtendría una beca para estudiar su carrera profesional en una prestigiosa universidad por ser el alumno modelo de su generación. Meses antes de graduarse, JU muere durante una excursión familiar a la montaña. Al parecer dio un paso en falso en un camino nada peligroso y que él conocía, y cayó. Se ve que no sufrió al morir, que murió al primer golpe de manera instantánea. 
El día de su velorio, escuché decir a su madre que quizá JU ya había terminado su misión en la vida. JU era no sólo un estudiante modelo, sino un hijo modelo, un católico modelo, un vecino modelo, un cuidadano modelo, un novio modelo. Pero JU, a sus diecisiete años, ni siquiera podía imaginarse a sí mismo en el futuro, no había elegido aún nada para lo cual dedicar toda esa capacidad. 

Su madre dijo que Dios se lo había llevado. Si volvemos a nuestro tema, entonces estaríamos hablando de un suicidio de la conciencia

Si cada una de nuestras acciones pasa por la conciencia, ¿pasan antes o después de que sucedan?

Según la definición de la RAE…

 

ale · oseguera

✼ El silencio de los hombres hermosos

Hace unos días estaba haciendo barring* en uno de mis sitios favoritos en Barcelona. Voy frecuentemente a ese bar/cafetería desde el día que me tiré el café amb llet encima y la camarera estalló contra el suelo un par de tazas en menos de cinco minutos. Era un mal día para las habilidades psicomotrices pero un buen día para las relaciones sociales. Así que como ya nos reconocemos, me gusta ir allí y sentarme en la barra a escribir, leer, cotorrear con los camareros y beber café. 

Una de estas tardes me fijé en una mesa donde habían unas cinco personas; uno de ellos, un chico de cabello largo, lacio, profundamente pelirrojo (de ese rojo tan intenso y naranjoso como el del fuego), y de gafas cuadradas de pasta negra.

Me llamó la atención el contraste de su cabello con el resto del mundo. Y escribí un texto para él, por él, y por esa belleza que se notaba aún por encima de sus gafas. Es un hombre hermoso, pensé; no guapo, hermoso. ¿Lo sabría él?

Cuando leí ese relatito en una de las jams poéticas del 2º Acto, Caro me dijo: Les has hecho, a los hombres que te han escuchado, sentir que son hermosos

Claro, es que esas dos palabras han sido escasamente relacionadas a lo largo de la historia: hombre-hermoso. El espejo no les habla, pero tampoco la otra gente, sus padres, incluso sus novias… Y empecé a darle vueltas a las implicaciones de este silencio.

En México hay un dicho popular que dice que el hombre verdadero es aquél que cumple con las tres F’s: Feo, Fuerte y Formal. No es regla universal, pero el ejemplo me sirve para ilustrar los adjetivos-parámetros con los que ha crecido y se ha regido el género masculino. 

No es de mi interés hablar de machismos, feminismos, ni abrir el debate de género. Mi curiosidad gira entorno a la psicología colectiva masculina, al hecho de ser un grupo de humanos que no se reconoce en la belleza. (¿Ha habido algún momento histórico donde el hombre se haya sabido bello y le haya interesado esa faceta de su ser?) Me llama la atención porque, no es que el hombre no sea bello, ¡lo es! Creo que sólo es que nadie se los ha dicho, por lo que les resulta una cualidad que les parece que no tienen ni tendrán, y entonces poco les importa. Pero pensemos, en todas las especies animales, aquellos quienes estética y físicamente son “más” hermosos, son los machos. ¿Por qué entonces el macho humano cree que no lo es?   

Quizá hubiera sido buena idea decirles que lo son, cuando niños, incluso, cuando adultos. Decirles un día que sí, que son hermosos, que sí, que está en su naturaleza serlo…

Y como los hubieras no existen, a ti chico, colega, primo, padre, hermano, vecino, camarero, novio, ex-novio, amante, amigo, desconocido, te dedico mi más sincero: “Eres hermoso.
 

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* barring: arte de sentarte en la barra de un bar a tomarte una o un par de bebidas de tu agrado. El arte del barring es complejo, alcanzas un nivel superior cuando te haces amigo del bartender. Si estás borrach@ y contándole tu vida, es que lo dominas de la A a la Z. 

✼ El silencio de los hombres hermosos 2

Hermoso

Eres hermoso le dijo ella, y retiró su cabello lacio de su rostro y lo colocó detrás de la oreja. La luna pudo iluminar esa cara que se perdía entre la brillantez de un cabello tan rojo como el fuego, tan brillante como limpios sus ojos.

Él se acercó a la barra. Quería pagar, como todas las veces, sin esperar a que le llevaran el ticket a la mesa. Ella le recibió el dinero y, mientras él contaba el cambio, lo tocó por primera vez; y por vez primera, él se fijó en sus veintitantos años, su acento extraño, sus ojos cansados.

Eres tan hermoso… le dijo mientras le devolvía una sonrisa a su perplejidad.

Y en verdad lo era. Tímido, así, como cada tarde, con la mirada baja, escondida tras su larga cabellera de ocaso. Era hermoso. Así, sin decir una sola palabra.

La miró volver al bullicio de las tazas y las copas. La miró toda su noche mientras se masturbaba y llegaba a su orgasmo solitario de las 11. Miró sus piernas negras y robustas, su ancha cadera y el cabello tan corto y tan profundo como las noches de verano. Soy hermoso, pensó. Y al mirar su reflejo en el cristal empañado del baño quiso poseerse, poseerla, poseer algo más largo que su propia cabellera. Soy hermoso, se dijo. Y creyó que en verdad lo era. Tan hermoso como un hombre solitario puede serlo cuando se ilusiona con una caricia y una mirada.

Volvió esa misma madrugada, pero ella ya no estaba allí. Ni la brillantez de su cabello rojo a la luz de las farolas pudo traerla de nuevo.

Aquellos mechones fulgurantes volvieron a cubrir su rostro, mas no su mirada. Aún quedaba la caricia en el borde de su oreja, allí donde descansaban sus gafas. Es hermoso, pensó. Y volvió a casa imaginando que se perdía entre las nubes naranjas de un cielo iluminado por la tierra, un horizonte en verdad maravilloso.