El Poema de Malai (Corre)

Corre, salta, cruza el río,
rompe una rama,
vuela de liana en liana.
Eres la niña salvaje,
dos rayas en la cara y
la pluma de un ave rara
que no sabes nombrar.

Corre, salta, cruza el río,
rompe una rama,
construye una lanza
y sal a cazar jabalíes,
sal a pescar,
trepa palmeras,
corta cocos, mangos, madera
y baila…
baila…
Baila bajo el monzón.

Corre, salta,
que todo es entrenamiento para la vida,
para la guerra.
La vida es la guerra y para ganarla
hay que vivir las batallas,
defender la tierra,
esa tierra, niña, que tú
cultivabas,
la que te alimentaba,
con la que pintabas las dos rayas de tu cara.

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NO ES UN NARCOBLOQUEO, ES UNA BATALLA

Foto tomada de Twitter

Cuando me preguntan si la “cosa” en México está muy jodida, les contesto que sí. Muchos de mis compatriotas responden que “no es como lo pintan los medios”, porque lo que acá a Barcelona llega, da miedo: asesinatos, balaceras, secuestros, decapitados, mutilados, incendios, corrupción, etc. No es que le crea a los medios, es que en ciertas zonas de México no se vive bien. Punto. 

Gracias a años de “pasarlo mal” los mexicanos tenemos sentido del humor, y nos reímos (por no llorar) de nuestras desgracias. La vida sigue. Los jóvenes, cada vez con mayor libertad y apertura de mente, salen a divertirse, crean, aprenden, transforman las ciudades. Hay muchos de los emprendedores de proyectos culturales, de entretenimiento, ecológicos y sociales, que han tenido la oportunidad de salir de México. Vuelven con la mente bien estimulada y con una creatividad exagerada. Y es que dicen que para avanzar hay que tener mentalidad de inmigrante.

Artículo relacionado:
Adopt an Immigrant Mindset to Advance in your Career en Harvard Business Review.

Pero en México hay que luchar para salir adelante, incluso para sobrevivir el día a día. Y eso es jodido.

La última vez que estuve allí, en diciembre del año pasado, hablé con Paco, un colega de la universidad. Me contaba las nuevas opciones culturales de Guadalajara, la ciudad donde nací. También me llevó de bar en bar y me contó sobre sus proyectos y oportunidades de negocio. Él es productor audiovisual. Sobre la inseguridad y la violencia del narcotráfico que ha llegado a la ciudad (de la que se decía que “levantas una piedra y hay un escritor o un músico”), me comentaba que la gente de Guadalajara sabe que “el desmadre lo están organizando gente que ni es de aquí. Y nosotros, los tapatíos, no nos vamos a esconder ni amedrentar. Ésta es nuestra ciudad”.

Para muestra, un botón:

El pasado 25 de agosto salir a la calle resultó imposible. O bien porque viste la tele y te dio miedo. O bien porque los narcobloqueos te pillaron a media ruta hacia el lago de Chapala.

¿Qué es un narcobloqueo?
Consiste en obstruir el paso en ciertas calles y/o avenidas. Se comienza con violencia. Generalmente, tipos armados amenazan a conductores de autobuses o vehículos privados, bajan a todos los pasajeros, y después le prenden fuego.

En tono de broma y en internet (uy, qué risa, ja-ja-ja), puedes encotrar también está definición: “Es un bloqueo del gobierno argentino y brasileño a los mexicanos”. También en Tailandia nos niegan la entrada junto con Colombia, India y Paquistán. Ser el patito feo del mundo no es tan divertido, se los aseguro.

Total que el pasado sábado, hubo 22 puntos obstruidos con violencia, varios heridos, obviamente, y se habla de un fallecido.

Y resulta que los bloqueos podrían haber sido la reacción a un operativo del ejército y la policía federal para detener a un capo.

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✼ ¿Este mundo es posible? (fragmentos)

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Si el American way of life se ha implantado y preservado, es porque hay una base en la cual se sostiene: los recursos naturales de todo el mundo. Se necesitaría un tanto de planetas como éste para nutrir ese estilo de vida al cual se pretende que aspiremos todos y que adoptemos todos. El sistema capitalista es nuestra condena. La ambición, nuestro talón de Aquiles.

Prácticamente todos los países aspiran a ser parte del “mundo desarrollado”. En el papel, todos los tratados comerciales, préstamos de los fondos y bancos monetarios, la ONU, la UNESCO y las ayudas al desarrollo, son para que lo logremos. Quien llegue primero gozará de los beneficios, en detrimento del bienestar y los recursos de otros. En teoría. La realidad es que en el G8 sólo caben 8, un número con tendencia a la baja.

Nos damos cuenta de que los parches de las Organizaciones No Gubernamentales y los fondos internacionales no son más que eso, parches, placebos. En un mundo donde tiene que existir un organismo que controle la supervivencia, el panorama es desalentador.

[…]

La realidad es que un país latinoamericano nunca alcanzará un estatus como el europeo o el estadounidense porque son estos últimos quienes dictan las reglas del juego que nosotros jugamos. En este sentido, el caso de la Venezuela de hoy es interesante. Se encuentra ahora revolucionándose como una estrategia para jugar con sus propias condiciones. Tal y como lo hizo China, y continuando algo que comenzó Fidel Castro en Cuba.

[…]

Si el comunismo no funcionó en su momento, es porque los seres humanos no somos capaces de vivir en el anonimato. Nuestra satisfacción se basa en el reconocimiento de las capacidades y características individuales. El ego. El ser humano no es un animal con un instinto de preservación de la especie. Es un ser vivo preocupado por su sola preservación. Incluso las mujeres, que llevan en su naturaleza el instinto maternal, tienen hijos por su propia realización como féminas. Tal vez, en el fondo, sabemos que no somos una especie que vale la pena preservar.


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✼ Fue en un museo

Era en un museo y todo sucedía en los baños. Ríos de todo, de pintura abstracta. Se escondían en los retretes, esperando con impaciente tenacidad el momento del ataque. Hasta que entraron ellas y atacaron primero. Bombardeo de pintura abstracta, roja, densa, recalcitrante. Y luego agua. Yo me doy la vuelta, y sin mancharme, les dejo en el juego que al final he ganado yo. Lo veo entrar, preparado para el último golpe que no llegaría. Me saluda, sabe (cree) que ante la visita de los más de 10.000 invitados no puedo hacer nada. Entra y me deja fuera. Espero el momento del grito, de la descarga de su arma de juguete, llena hasta el fondo de más pintura abstracta, roja, todavía roja y brillante. Y entreabro la puerta, no para mirar, sino para dejarles un reloj de tiempo que les explote la última gota de energía. Y explota. Explota cuando estoy ya lejos, riéndome de ellos, encontrando el triunfo en todavía unos cuatro enemigos que he de minar. El juego sigue.