México: políticas de la Edad Media para el siglo XXI

Foto: Reuters/BBC

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Querer criminalizar el aborto y creer que sin “Familia Tradicional” no hay patria o Dios, en pleno 2016, es de irresponsables. Detrás de la fe “en Dios” en la que se escudan quienes defienden esta idea, esconden un profundo miedo y odio. Lamentablemente,  a veces sin saberlo. Son personas peligrosas. La gente que salió ayer a la #MarchaXLaFamilia en México es peligrosa.
Entiendo que en una región como el occidente de México, donde en los años 30 del siglo XX se levantaron en armas campesinos y otros civiles, manipulados por los curas, en nombre de Cristo Rey, hoy se lleve a cabo una marcha en contra de las familias que no sean mamá-papá-hijos. Entiendo que se lleva en la sangre el oscurantismo católico. Pero no porque sea lógica la Historia y su naturaleza cíclica es justificable que un grupo de intolerantes pretenda manipular las leyes del país.

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Sobrinos 2.0

Mi virtualidad está llena de peditos tiernos, candorosos, risueños. La mierda también provoca sonrisitas. El mundo es un maravilloso lugar de colores pasteles y marrones.

A distancia percibo los olores 2.0 del talco, la leche, la miel y los desperdicios tóxicos del ser humano. La primera vez que le escuché me dieron ganas de estrenar mis brazos en esas cuestiones de la maternidad. Yo, que ni muñecos tuve de niña, que los bebés me dan miedo porque parecen tan frágiles y complicados, sentía ganas de apostarlo todo y conseguir el abrazo perfecto para una persona de dos meses de edad.

Marcelito mide 66cm ahora, y tiene unas piernas larguísimas. Ya prácticamente no cabe en la bañera miniatura. Y con lo mucho que le gusta el agua. Sus padres miden 2 metros cada uno y le han aportado sus genes aguerridos, los de mujer mexicana y hombre alemán. Del padre ha heredado el interés por el teclado del ordenador. Qué gran ventaja esto del Skype y los niños de la era digital. Mas si yo fantaseo, deseo que a mi sobrino también le interese el teclado del piano. Nomás por tener otro conato de arte en la familia y seguir molestando.

Después cierro el ordenador. En mi casa huele a tabaco y a té de menta. Mis vecinos también tienen un bebé. Valentina se llama. Pero de ella sí me llegan los llantos, los dolores de barriga y los cambios hormonales de la madre. Paso. Me voy de fiesta.