✼ Rayuela vs. Los-hombres-que-no-amaban-a-las-mujeres (¿es más o menos así?)

El día de hoy, la editorial virtual Bubok propuso un debate en su estatus del FB: ¿es más importante el contenido de un texto o la redacción del mismo?

Dado que me estoy dando a la labor de producir literatura y textos varios (como en este blog) no pude no leer los comentarios de los participantes mañaneros y añadir mi comentario.

de uca.es

de uca.es

Cuando comencé a leer a Julio Cortázar en mi adolescencia (y me costó un buen trabajo leer Rayuela) me pregunté algo similar.

Cortázar es/era un genio de las palabras, dueño de ellas no ellas de él, y él podía hacer con ellas lo que se le antojara, contando poco o mucho (generalmente mucho) con la cantidad y la calidad exactas, como un químico, un matemático, un verdadero artista.

A veces tengo que ir explicándole a amigos en tertulias cotidianas, que la industria editorial funciona como cualquier otra industria. Esto lo aprendí trabajando justamente en el negocio editorial. En ese entonces, y sobre todo cuando se llegaba la fecha de la FIL Guadalajara, me surgían preguntas como: ¿por qué Ediciones B, por ejemplo, publica tantas cosas light (por no ponerle otros adjetivos)? Me explicaron que realmente es una cuestión de generar dinero con esas cosas “fáciles” y entretenidas, para entonces poder financiar proyectos menos rentables como publicar literatura pura y dura. Esto, entre otras estrategias que involucra el sistema de producción editorial (que no es tan diferente en esencia, por más que la literatura siga conservando esos aires elevados cuasi-místicos).

En todo caso y al respecto de la pregunta de Bubok, opino que la importancia del lenguaje contra la importancia del contenido radica en el fin último del texto. El lenguaje tiene que responder al texto como herramienta básica. Es decir, si escribes un manual, tu lenguaje tiene que ser claro y directo. Si no, no funciona. Pero en el caso de la literatura es más complejo.

Uno de los comentaristas decía que ahora mismo parece ser que lo “de moda” son las novelas de asesinatos y misterios sin resolver (aka Los hombres que no amaban a las mujeres, gran best-seller actual convertido en película. Ya en cines). En estos casos, lo que más les importa a los productores (editor +  escritor) es que la historia no tenga huecos, que los personajes sean redondos y coherentes, y que la historia se desarrolle con fluidez con un lenguaje que apoye este fin. Bien.

El punto es cuando el interés radica en crear arte. Como con la pintura, aquellos que llegan a ser artistas y no sólo pintores, son aquellos que logran conjugar cada parte del proceso creativo y de “producción”. Creo que una vez que logras conjuntar las dos partes (contenido-forma) en una sola, y que la una responda a la otra y la complementa en una comunión y una conversación que comienza en la primera palabra y termina en la última, es entonces cuando habrá una gran obra de arte literario. Mientras tanto, todos serán intentos, y quizá buenos intentos, y quizá venderán un montón, pero pocos pasarán a la Historia de la Literatura (con mayúscula). Como con la pintura. Picasso no se convirtió en un gran maestro por copiar, por quedarse dentro de los estándares de la época, sino por innovar, por crear en TODO el sentido de la palabra. Para mí, Cortázar hizo lo mismo pero con las letras.

Y cuando esto sucede, uno pasa de ser un mero redactor para convertirse en escritor, y luego, en Escritor.


· Apéndice ·
Apenas hace unos días, la editorial Alfaguara presentó una compilación textos inéditos de Julio Cortázar bajo el título Papeles inesperados. A 25 años de su muerte, Cortázar vuelve a sorprendernos, ¡y qué positivamente! Porque yo nunca he tenido suficiente. En este libro se incluyen textos de tipo periodístico, personales, narrativo y otros “difícilmente clasificables”.
Más info en El Observador Global. El libro, en tu liberería más cercana.



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✼ ¿ Con Z o con S ?

Hablando con Juliana en una de esas tantas VillaRola-afternoons, le planteaba mi siguiente cuestionamiento:

En España, los castellano-parlantes pronuncian la Z y la Ce/Ci de manera diferente a como la pronunciamos en América Latina. Para nosotros, la C, la Z y la S tienen la misma fonética. Esto marca una diferencia en nuestro aprendizaje de la ortografía. Para nosotros en América Latina, la ortografía viene dada por un proceso de memorización. ¿Cuántas veces no nos pusieron en clase de Español a repetir bla ble bli blo blu se escriben con B?

En España, en todo caso el proceso para tener una buena ortografía sería el siguiente:

La palabra corazón —> ¿cómo se pronuncia? —> coraZón —> vale, entonces me queda básicamente una sola opción entre escribirlo xon S o con Z (incluso se descarta la C de antemano). De aquí que quizá entonces el aprendizaje es meramente fonético. 

Según Juli, colombiana, en este nivel nuestro aprendizaje se vuelve visual. Memorizamos una palabra viéndola. No hay una razón ni explicación que vaya más allá de la regla. Pero incluso, ¿no te ha pasado de que no sabes cómo se escribe una palabra, la escribes con las dos (o tres) opciones, y luego ves cuál “te suena” más (aunque realmente no te suena)? Al convertirla en un símbolo visual, tu memoria ubica más rápido la respuesta correcta. 

¿Qué consecuencias tiene que, en este sentido, nuestra escritura vaya de la mano con una capacidad de memoria visual/fonética que tenemos que desarrollar cuando niños?

No creo que un proceso sea más difícil que otro. Son simplemente procesos distintos. El español podría tender a ser más exquisito con el oído y la musicalidad de las letras. Nosotros por el contrario, podríamos ser más detallistas con las formas, los signos, los símbolos y sus resultados estéticos. 

Ahora bien, si hablamos del lenguaje sólo, quizá en América Latina se tiene un habla menos matizada (sin tocar el tema de los acentos). Y otra cosa entonces, ¿el español tiende a tener una buena ortografía dada por el uso contínuo de las palabras? Hablamos más de lo que escribimos… con lo cual…