✼ ¿Nos han quitado las ganas de soñar?

Estoy mirando a Eri Asai dormir plácidamente. Envuelta en la colcha, respirando muy delicadamente, en una habitación de luz fluorescente.

Yo la veo porque soy un punto de vista conceptual. Murakami me ha convertido en eso: un punto de vista conceptual, como si yo fuese una cámara de video, el lente de esa cámara, lo que capta y registra, su punto de vista conceptual.

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Como en la tradicional experiencia de la literatura, yo me imagino a Eri Asai mientras leo lo que ella hace y lo que soy yo. Y en el intento de darle un cuerpo y unas facciones a un personaje que sólo existe en letras y palabras, recuerdo que estamos en Japón. Es decir, que esta histora transcurre en Japón. Y que los japoneses tienen los ojos rasgados.

Vuelta a empezar…

Entre una cosa y otra, me parece que la Eri Asai que se inventó Murakami se parece a Rei Ayanami. Y no… Rei Ayanami no tiene los ojos rasgados… pero es japonesa.

Rei Ayanami de la serie Neon Genesis Evangelion de Yoshiyuki Sadamoto

Rei Ayanami de la serie Neon Genesis Evangelion de Yoshiyuki Sadamoto

Alguna vez leí todo un análisis de por qué los japoneses dibujan a las personas con los ojos grandes. Era durante la carrera, en una asignatura llamada Semiótica Aplicada (¿cómo se llamaba la profesora? ¿Ingrid? ¿Y no tenía un novio biker?). Había teorías de todo tipo. De hecho, aún las hay. Me puse a investigar y se sigue hablando de: “los japoneses tienen la creencia de que los ojos son la ventana del alma, y como están acomplejados por sus ojos pequeños, dibujan lo que quisieran ser y tener: ventanas del alma más amplias”.

Para mí resulta todo un pasatiempo (y obviamente una profesión) el analizar a una sociedad a partir de sus productos culturales. Además, teniendo amigos otakus era imposible no maravillarse por la cultura japonesa, por los símbolos, la historia, los significados y significantes. Fue prácticamente en este momento de mi vida donde di rienda suelta a ese pequeño otaku que todos llevamos dentro (incluso intenté entrarle a los juegos de rol sin éxito alguno) y que yo mantenía en secreto mientras veía Evangelion, Saber Marionette J y Cowboy Bebop en el canal Locomotion (que transmitió en América Latina por cable hasta 2005).

Después de la alta exposición que últimamente he tenido a documentales, conversaciones, películas y lecturas anti-sistema, pienso que (in)dependientemente de las ventanas y los complejos, los japoneses sí que sabían a quiénes le iban a vender su producto cultural: a quienes tienen la pasta. ¿Y quiénes tienen la pasta? En su mayoría, los de los grandes ventanales.

Hoy por hoy, tantas y tantas teorías y textos de la profesora “Ingrid” han terminado en un costado de mi cabeza. En el centro hay un pensamiento que describe el gran negocio detrás del anime y del manga. Grandes series como Pokémon, Dragon Ball y todos los demás, son generadores de dinero. Los ojos redondos, pues, son parte de esas estrategias de economía divergente y de globalización monetaria.

Ahora, si nos remontamos al origen, supongo que esto de el-huevo-o-la-gallina vuelve a aplicar. Yo preferiría creer que imperó en un inicio una cuestión incluso metafísica en el tema de los ojos. Pero aquí es donde se abren las apuestas.

Mi ecuación, generada la noche que terminé de leer la novela After Dark de Haruki Murakami, de imaginarme a Eri Asai (una de sus protagonistas) como Rei Ayanami, y de recordar mi segundo año de carrera, resulta como sigue:

Economía = desencanto de la realidad.

Me pregunto pues, ¿la economía nos ha quitado las ganas de soñar? ¿O simplemente se trata de elegir bando, de escoger cuál historia queremos creer?

¿Cuál vamos a creer?


· Apéndice ·
Altamente recomendable es la literatura de Haruki Murakami, una especie de neo-realismo mágico-tecnológico-urbano. Si bien ésta no es su mejor obra, es un libro que refleja su propuesta de una realidad que no por ser real deja de ser misteriosa, mágica, inestable y onírica. Aquí les dejo un comentario.
· PS ·
Después de años y años, hace unos meses tuve un reencuentro con la serie Neon Genesis Evangelion. Sigo impresionada. Si alguien se apunta a una discusión sobre ésta, avísenme.
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✼ Rayuela vs. Los-hombres-que-no-amaban-a-las-mujeres (¿es más o menos así?)

El día de hoy, la editorial virtual Bubok propuso un debate en su estatus del FB: ¿es más importante el contenido de un texto o la redacción del mismo?

Dado que me estoy dando a la labor de producir literatura y textos varios (como en este blog) no pude no leer los comentarios de los participantes mañaneros y añadir mi comentario.

de uca.es

de uca.es

Cuando comencé a leer a Julio Cortázar en mi adolescencia (y me costó un buen trabajo leer Rayuela) me pregunté algo similar.

Cortázar es/era un genio de las palabras, dueño de ellas no ellas de él, y él podía hacer con ellas lo que se le antojara, contando poco o mucho (generalmente mucho) con la cantidad y la calidad exactas, como un químico, un matemático, un verdadero artista.

A veces tengo que ir explicándole a amigos en tertulias cotidianas, que la industria editorial funciona como cualquier otra industria. Esto lo aprendí trabajando justamente en el negocio editorial. En ese entonces, y sobre todo cuando se llegaba la fecha de la FIL Guadalajara, me surgían preguntas como: ¿por qué Ediciones B, por ejemplo, publica tantas cosas light (por no ponerle otros adjetivos)? Me explicaron que realmente es una cuestión de generar dinero con esas cosas “fáciles” y entretenidas, para entonces poder financiar proyectos menos rentables como publicar literatura pura y dura. Esto, entre otras estrategias que involucra el sistema de producción editorial (que no es tan diferente en esencia, por más que la literatura siga conservando esos aires elevados cuasi-místicos).

En todo caso y al respecto de la pregunta de Bubok, opino que la importancia del lenguaje contra la importancia del contenido radica en el fin último del texto. El lenguaje tiene que responder al texto como herramienta básica. Es decir, si escribes un manual, tu lenguaje tiene que ser claro y directo. Si no, no funciona. Pero en el caso de la literatura es más complejo.

Uno de los comentaristas decía que ahora mismo parece ser que lo “de moda” son las novelas de asesinatos y misterios sin resolver (aka Los hombres que no amaban a las mujeres, gran best-seller actual convertido en película. Ya en cines). En estos casos, lo que más les importa a los productores (editor +  escritor) es que la historia no tenga huecos, que los personajes sean redondos y coherentes, y que la historia se desarrolle con fluidez con un lenguaje que apoye este fin. Bien.

El punto es cuando el interés radica en crear arte. Como con la pintura, aquellos que llegan a ser artistas y no sólo pintores, son aquellos que logran conjugar cada parte del proceso creativo y de “producción”. Creo que una vez que logras conjuntar las dos partes (contenido-forma) en una sola, y que la una responda a la otra y la complementa en una comunión y una conversación que comienza en la primera palabra y termina en la última, es entonces cuando habrá una gran obra de arte literario. Mientras tanto, todos serán intentos, y quizá buenos intentos, y quizá venderán un montón, pero pocos pasarán a la Historia de la Literatura (con mayúscula). Como con la pintura. Picasso no se convirtió en un gran maestro por copiar, por quedarse dentro de los estándares de la época, sino por innovar, por crear en TODO el sentido de la palabra. Para mí, Cortázar hizo lo mismo pero con las letras.

Y cuando esto sucede, uno pasa de ser un mero redactor para convertirse en escritor, y luego, en Escritor.


· Apéndice ·
Apenas hace unos días, la editorial Alfaguara presentó una compilación textos inéditos de Julio Cortázar bajo el título Papeles inesperados. A 25 años de su muerte, Cortázar vuelve a sorprendernos, ¡y qué positivamente! Porque yo nunca he tenido suficiente. En este libro se incluyen textos de tipo periodístico, personales, narrativo y otros “difícilmente clasificables”.
Más info en El Observador Global. El libro, en tu liberería más cercana.