ME CAGO EN CORTÁZAR

bano-publico

En el baño de hombres de la biblioteca Bonnemaison, la que está cerca de la Vía Laietana, alguien transcribió el capítulo 7 de “Rayuela”. Está ahí, con una caligrafía adolescente, en la puerta del cubículo del medio.

Me quedé bastante rato, releyendo esos pasajes que yo le recitaba de memoria en la cama. Ahora no me acuerdo cómo se sentía, pero recuerdo que era intenso. Yo también dibujaba con mi dedo sobre un rostro, pero yo contorneaba una nariz grande, curva, “fea”, decía ella. Aunque no le importaba lo que nadie pensara excepto yo. Y a mí me gustaba.

Realmente no recuerdo cómo se sentía, pero sé que me ardió cuando terminó. Cómo se sentía no, pero sí que nunca antes había sido tan feliz, con todo y las incertidumbres. Tampoco había sentido un sexo como aquél. Corrijo, el sexo caluroso, apasionado, incluso emocionante… eso sí. Pero no el amor, nunca había sentido un amor así.

Mi vulnerabilidad me indició que estaba ante una señal del destino, a pesar de la falta de poesía de ese inhóspito servicio. Yo, cagando en la biblioteca, no era ni por poco un cuadro de película experimental introspectiva. Sólo era yo conmigo mismo, Cortázar en la puerta, y mis recuerdos de mierda.

Mientras lavaba mis manos rememoré cuando tenía flores en la boca, cuando me acercaba tanto a su mirada que jugábamos al cíclope, cuando la vida sabía a fruta y yo temblaba dentro de ella como luna en los charcos. Volví a Cortázar ese mismo día. A ella no; porque ya no sabía cómo se sentía.

Cuando volví a la biblioteca, dos semanas después, a devolver la Rayuela que apenas había hojeado, desnudo sobre la cama, esperando que me calentara más de lo que me calentaban las mantas, regresé también al baño. Tuve que esperar a que saliera del cubículo del medio un puberto regordete que poco sabía de lo que yo había venido a buscar. Poco sabía, porque ya habían borrado la transcripción. Tiré de la cadena, decepcionado. Allá se iban mis ganas de volver a verla.

✼ Rayuela vs. Los-hombres-que-no-amaban-a-las-mujeres (¿es más o menos así?)

El día de hoy, la editorial virtual Bubok propuso un debate en su estatus del FB: ¿es más importante el contenido de un texto o la redacción del mismo?

Dado que me estoy dando a la labor de producir literatura y textos varios (como en este blog) no pude no leer los comentarios de los participantes mañaneros y añadir mi comentario.

de uca.es

de uca.es

Cuando comencé a leer a Julio Cortázar en mi adolescencia (y me costó un buen trabajo leer Rayuela) me pregunté algo similar.

Cortázar es/era un genio de las palabras, dueño de ellas no ellas de él, y él podía hacer con ellas lo que se le antojara, contando poco o mucho (generalmente mucho) con la cantidad y la calidad exactas, como un químico, un matemático, un verdadero artista.

A veces tengo que ir explicándole a amigos en tertulias cotidianas, que la industria editorial funciona como cualquier otra industria. Esto lo aprendí trabajando justamente en el negocio editorial. En ese entonces, y sobre todo cuando se llegaba la fecha de la FIL Guadalajara, me surgían preguntas como: ¿por qué Ediciones B, por ejemplo, publica tantas cosas light (por no ponerle otros adjetivos)? Me explicaron que realmente es una cuestión de generar dinero con esas cosas “fáciles” y entretenidas, para entonces poder financiar proyectos menos rentables como publicar literatura pura y dura. Esto, entre otras estrategias que involucra el sistema de producción editorial (que no es tan diferente en esencia, por más que la literatura siga conservando esos aires elevados cuasi-místicos).

En todo caso y al respecto de la pregunta de Bubok, opino que la importancia del lenguaje contra la importancia del contenido radica en el fin último del texto. El lenguaje tiene que responder al texto como herramienta básica. Es decir, si escribes un manual, tu lenguaje tiene que ser claro y directo. Si no, no funciona. Pero en el caso de la literatura es más complejo.

Uno de los comentaristas decía que ahora mismo parece ser que lo “de moda” son las novelas de asesinatos y misterios sin resolver (aka Los hombres que no amaban a las mujeres, gran best-seller actual convertido en película. Ya en cines). En estos casos, lo que más les importa a los productores (editor +  escritor) es que la historia no tenga huecos, que los personajes sean redondos y coherentes, y que la historia se desarrolle con fluidez con un lenguaje que apoye este fin. Bien.

El punto es cuando el interés radica en crear arte. Como con la pintura, aquellos que llegan a ser artistas y no sólo pintores, son aquellos que logran conjugar cada parte del proceso creativo y de “producción”. Creo que una vez que logras conjuntar las dos partes (contenido-forma) en una sola, y que la una responda a la otra y la complementa en una comunión y una conversación que comienza en la primera palabra y termina en la última, es entonces cuando habrá una gran obra de arte literario. Mientras tanto, todos serán intentos, y quizá buenos intentos, y quizá venderán un montón, pero pocos pasarán a la Historia de la Literatura (con mayúscula). Como con la pintura. Picasso no se convirtió en un gran maestro por copiar, por quedarse dentro de los estándares de la época, sino por innovar, por crear en TODO el sentido de la palabra. Para mí, Cortázar hizo lo mismo pero con las letras.

Y cuando esto sucede, uno pasa de ser un mero redactor para convertirse en escritor, y luego, en Escritor.


· Apéndice ·
Apenas hace unos días, la editorial Alfaguara presentó una compilación textos inéditos de Julio Cortázar bajo el título Papeles inesperados. A 25 años de su muerte, Cortázar vuelve a sorprendernos, ¡y qué positivamente! Porque yo nunca he tenido suficiente. En este libro se incluyen textos de tipo periodístico, personales, narrativo y otros “difícilmente clasificables”.
Más info en El Observador Global. El libro, en tu liberería más cercana.