¿Residente o visitante? Crónica multicultural del #Cruilla2017

Desde hace algunas semanas colaboro con el portal La Réplica, lo que ha supuesto un lujazo a la vez que una enorme responsabilidad. Mis colaboraciones giran en torno a temas de actualidad relacionados con América Latina. Así bien, anteriormente he escrito sobre el escándalo de espionaje a periodistas y activistas en México. Y sobre las deportaciones masivas de pandilleros de la Mara Salvatrucha a El Salvador.

El día de hoy, me publican una reflexión nacida en el Festival Cruïlla de Barcelona, a partir de un encuentro totalmente inesperado, con Atréve-te-te como música de fondo.

Un fragmento:

Justo cuando Residente comenzó su famosa “Cumbia de los Aburridos” yo ya me había entregado al pasado urbano reciente de América Latina. Mis piernas también. Y en un momento de respiro, escuché: “¿Eres Ale Oseguera?”.

Me sorprendió sobremanera no reconocer el rostro de mi apelante: un chaval joven, moreno, de cabello corto y un poco más alto que yo. “¿Quién eres tú?”, le pregunté. Me contó que me había visto recitar en el CCCB, en el marco del Poetry Slam Barcelona. Que había escuchado mi “poema de la niña”, dijo, y que había comprado mi libro. Que le había encantado. Me dijo que ese poema le recordaba mucho sus raíces. “Yo nací aquí pero mi familia es de Perú”, me contó. Y ese poema, que habla de una joven que corre entre la abundante vegetación de la selva, que corta cocos y mangos, y que cambia lanza por fusil, le recordaba a su madre, a su hermana, a su abuela, y a todas las mujeres que habían luchado para que él pudiera estar hoy ahí, a mi lado, pegando saltos mientras Residente ya cantaba “Esto es una fiesta de locos / pero yo soy el único que no estoy loco”.

La crónica completa aquí: http://lareplica.es/residente-visitante-barcelona-cruilla-cultures/

SEPTIEMBRE: BANDERAS Y ORGULLO NACIONAL

Bandera_Cataluña

Hace casi ocho años que vine a parar a este pedacito del mundo llamado Catalunya. Y desde entonces, cada septiembre me toca enfrentar dos criterios distintos con los que se vive el orgullo nacional (que no el nacionalismo): México y Catalunya. Cada año, me siento a observar cómo un trozo de tela, que simboliza un pedazo de tierra, puede generar emociones tan dispares. Cada año toca volver a la Historia.

Me emocionan los movimientos colectivos. A pesar del individualismo imperante, concluyo que la tierra siempre nos une. Para bien o para mal. La tierra. El espacio donde vivimos, crecemos, comemos, conocemos a nuestros amigos, nos enamoramos, formamos familias, trabajamos, nos desarrollamos, reímos, bailamos, lloramos… En fin, vivimos. Es en donde echamos las raíces que se encontramos el motivo para hacer a un lado las discrepancias.

Yo vine a Catalunya porque creí que aquí podría desarrollar mi vida de una manera mucho más fructífera. No puedo decir que ha sido fácil, ni que lo haya logrado del todo. Pero eso no tiene que ver con constituciones, normativas, partidos políticos, ni religiones, ni siquiera con banderas de unos u otros colores. Tiene que ver con la vida misma, y por ello, Catalunya, gracias.

Porque, a pesar de las penas y los errores, yo he podido crear aquí mi submundo. Y hasta ahora está siendo fantástico. Aquí es donde he conocido a todos aquellos a quienes doy gracias también. A mi familia catalana de nacidos aquí y nacidos en cualquier parte. Porque como yo, eligieron este pedazo del mundo para quedarse. Y por algo será…

Espero que todos en Catalunya, independientemente de las visiones político-electorales-administrativas, hayáis tenido una buena Diada, llena de optimismo de cara al futuro que se construye cada día en esta geografía.

ORIOL AMORÓS (ERC): “EL ESTADO ESPAÑOL HA INTENTADO MUCHAS VECES ACABAR CON LA IDENTIDAD CATALANA”

Publicado en De Política, Historia y otros Superhéroes

El partido Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) propone construir una República donde no importe el origen de sus ciudadanos, sino el compromiso de construir un futuro en común. Es por esto que Oriol Amorós no define a su partido como nacionalista. En su opinión, el Partido Popular persigue al catalán para conseguir la homogeneización de una sociedad que es, en realidad, plurinacional. Por esto, y sobre todo, como un medio para parar los desahucios, restablecer los sistemas de sanidad y educación universales, desarrollar el tejido industrial y relanzar la economía, la independencia es un medio, no un fin.

Oriol Amoròs es diputado. Compite por un lugar en el Parlament en el número cinco de la lista de ERC. Durante el gobierno del tripartito trabajó en el gobierno como Secretario para la Inmigración. Se enorgullece de haber propuesto el Plan Nacional de Inmigración, lanzar la Ley de Acogida y propiciar el aprendizaje no sólo del catalán, sino de las diferentes lenguas que conviven en Catalunya: más de 260. Sus argumentos para defender la independencia van más allá de la identidad nacional. Se enfocan en los aspectos económicos y las ventajas de poder gestionar los recursos de una de las zonas más productivas de España.

Lee la entrevista completa en

✼ La curiosidad viaja en bicicleta

Voy a empezar con una frase trillada que, quien la ha vivido, dirá que no hay verdad más grande que ésta. Yo, que soy de ciudad grande (8 millones de habitantes, si no me equivoco), sólo puedo hablar de experimentos. “Pueblo chico, infierno grande”.

Puede ser que en L’Empordà catalán, el infierno venga en los veranos, cuando el calor te quema la piel y te mantiene despierto por las noches. Puede ser que se refiera a que el catalán de turno utilice palabras para incendiar a otros, a los suyos mismos, a los que no encajen en el molde.

No lo sé.

El ensayo-error de estos días ha sido más bien del tipo silencioso. Con algunas frases en mi catañol que confunde a los dependientes de las panaderías, las cafeterías, los bares. Pero al margen de las no-barreras lingüísticas que podría tener (o no tener) en una ciudad como La Bisbal, la confusión va sobre ruedas.

¿Por qué me mira tanto la gente?

Me han dejado una bicicleta. Hermosa, verde-loro, ruedas y asiento blancos, una vieja pero bien conservada bicicleta vintage que me ha llevado a dar la vuelta de punta a punta de una ciudad pequeñita llamada La Bisbal. Y los locales me observan no sin fingir que no lo hacen. Pero sus miradas siguen las vueltas de las ruedas, el sube y baja de mis pantorrillas, el movimiento de mi cadera, el manubrio de los puños blancos y sueltos, mi piel tostada. Saco conclusiones.

Los bisbalencs:

1. Admiran la bicicleta. No se parece a ninguna que esté circulando por las calles. No hay ninguna tan vieja y tan bonita.

2. Reconocen la bicicleta. Pertenece a la madre de mi anfitrión (bisbalenc también). Y actualmente, es él quien se dirige con ella a los sitios a los que tiene que ir habitualmente en esta ciudad.

3. No identifican a “la noia”. Es decir, no parezco local. Y aunque pareciera una catalana más, no soy de esta ciudad pueblerina. Y eso se sabe cuando se vive y convive en un sitio donde se conoce todo lo que pasa.

4. Y no puedo omitir el hecho de que mis piernas al sol, pedaleando este maravilloso artefacto provocan una buena composición digna de fotografiarse (modestia completamente aparte).

Cualquier combinación de respuestas dará un resultado abrumador si eres un local.

Sé de buena fuente que hay quienes últimamente se refieren a mí como “la niña”. La tía de mi anfitrión, su madre, sus amigos. Un treintañero como él, hijo pródigo de La Bisbal, que se resiste a ser atrapado, que vive en una casa de tres plantas y un jardín, sin perro, ni gato, ni mujer, ni hombre, ni hijos, ya causa admiración (para bien o para mal), a un pueblo que está lleno de abuelos y jóvenes emparejados a quienes no les falta el carrito del bebé o la mascota de turno. Ahora que tiene a “la niña” en casa, quedándose por tiempo “indefinido” (porque no sé si me regreso a la gran Barcelona el martes o el miércoles y él tampoco lo deja muy claro cuando se lo preguntan) las incógnitas le rodean. ¿Son novios? ¿Están juntos? Y sobre todo, ¿quién es ella? Sobra decir que hemos recibido invitaciones a cenar. “Hemos”. Seguramente causa curiosidad que el gran misterioso solitario llegue acompañado a casa de otra pareja, a casa de sus padres, al bar de cada noche.

Yo sonrío. En otros sitios, esta “rareza” sería motivo de charlas larguísimas, de preguntas que traen más preguntas, intercambios de teléfonos. No en Catalunya. Aquí las cosas no funcionan así. Tener la piel de un color diferente no provoca palabras. Y, depende del tamaño de la ciudad, tampoco miradas. Así que supongo que, después de casi 4 años en una parte del mundo donde la curiosidad se calla, puedo sonreír al saber que la gente se interesa al menos por saber si me he robado la bicicleta de la Sra. Balaguer, o si finalmente, el ermitaño del pueblo ha encontrado a alguien igual de rara que él. Hay otra frase: “siempre hay un roto para un descosido”. Dejemos que los locales hablen (si es que lo hacen).