METERSE CAÑA

caña

Cuando recién llegué a este país, me sorprendía ver a la gente tomarse caña tras quinto tras mediana a las 9 de la mañana en cualquier bar y en todas las terrazas. A veces, incluso sin acompañamiento. Ni una oliva, ni una patata, ni una anchoa. Hoy me dan envidia. Los miro con una rabia que, si fuese objeto, los aplastaría bajo todo su peso de acero y piedra.

Los odio porque pueden sentir el calor del alcohol desde la garganta hasta la punta de los pies, sin importar qué tan frío esté ese mar amarillo que se azota en el cristal. Detesto ver la espuma resbalar por la copa, y me frustra que, a pesar del ámbar de la botella, pueda ver aún de reojo las burbujas.

Quisiera beber desde las ocho de la mañana con ese desquicio y desentendimiento con el que lo hacen los de aquí. Hojear el periódico en busca de un clasificado o de las tiras cómicas, sin importarles siquiera como se llama ese juego de números que viene apareciendo en la sección del horóscopo desde hace unos años. Quiero coquetear con la camarera, ya asqueada por mi aliento a caldo. Quiero que le arda la lengua cuando dice para sí misma: “Apenas son las diez de la mañana”. Quiero que todo me importe una mierda, quiero perderle el respeto y el interés a la vida. Quiero dejar de portarme como es debido, quiero agarrarte a golpes sólo para verte sangrar. A ver si finalmente sientes algo. Quiero que me la sude, que me la vomite y me la cague el destino fraudulento que me hace levantarme cada mañana.

Quiero poder tomarme una puta caña a las 8 de la mañana sin ducharme y en ayunas, en pijama, en al bar de abajo, un puto lunes o un martes. ¿Por qué coño tienen que abrir los bares hasta las diez, mecagüenlaleche?

✼ El silencio de los hombres hermosos

Hace unos días estaba haciendo barring* en uno de mis sitios favoritos en Barcelona. Voy frecuentemente a ese bar/cafetería desde el día que me tiré el café amb llet encima y la camarera estalló contra el suelo un par de tazas en menos de cinco minutos. Era un mal día para las habilidades psicomotrices pero un buen día para las relaciones sociales. Así que como ya nos reconocemos, me gusta ir allí y sentarme en la barra a escribir, leer, cotorrear con los camareros y beber café. 

Una de estas tardes me fijé en una mesa donde habían unas cinco personas; uno de ellos, un chico de cabello largo, lacio, profundamente pelirrojo (de ese rojo tan intenso y naranjoso como el del fuego), y de gafas cuadradas de pasta negra.

Me llamó la atención el contraste de su cabello con el resto del mundo. Y escribí un texto para él, por él, y por esa belleza que se notaba aún por encima de sus gafas. Es un hombre hermoso, pensé; no guapo, hermoso. ¿Lo sabría él?

Cuando leí ese relatito en una de las jams poéticas del 2º Acto, Caro me dijo: Les has hecho, a los hombres que te han escuchado, sentir que son hermosos

Claro, es que esas dos palabras han sido escasamente relacionadas a lo largo de la historia: hombre-hermoso. El espejo no les habla, pero tampoco la otra gente, sus padres, incluso sus novias… Y empecé a darle vueltas a las implicaciones de este silencio.

En México hay un dicho popular que dice que el hombre verdadero es aquél que cumple con las tres F’s: Feo, Fuerte y Formal. No es regla universal, pero el ejemplo me sirve para ilustrar los adjetivos-parámetros con los que ha crecido y se ha regido el género masculino. 

No es de mi interés hablar de machismos, feminismos, ni abrir el debate de género. Mi curiosidad gira entorno a la psicología colectiva masculina, al hecho de ser un grupo de humanos que no se reconoce en la belleza. (¿Ha habido algún momento histórico donde el hombre se haya sabido bello y le haya interesado esa faceta de su ser?) Me llama la atención porque, no es que el hombre no sea bello, ¡lo es! Creo que sólo es que nadie se los ha dicho, por lo que les resulta una cualidad que les parece que no tienen ni tendrán, y entonces poco les importa. Pero pensemos, en todas las especies animales, aquellos quienes estética y físicamente son “más” hermosos, son los machos. ¿Por qué entonces el macho humano cree que no lo es?   

Quizá hubiera sido buena idea decirles que lo son, cuando niños, incluso, cuando adultos. Decirles un día que sí, que son hermosos, que sí, que está en su naturaleza serlo…

Y como los hubieras no existen, a ti chico, colega, primo, padre, hermano, vecino, camarero, novio, ex-novio, amante, amigo, desconocido, te dedico mi más sincero: “Eres hermoso.
 

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* barring: arte de sentarte en la barra de un bar a tomarte una o un par de bebidas de tu agrado. El arte del barring es complejo, alcanzas un nivel superior cuando te haces amigo del bartender. Si estás borrach@ y contándole tu vida, es que lo dominas de la A a la Z.