✼ ¿Este mundo es posible?

El Palau de la Virreina en Barcelona, aloja hasta el próximo día 10 una exposición llamada AntiFotoperiodismo. ¿Cómo se puede hacer el AntiFotoperiodismo? Lo que no es el fotoperiodismo es, en todo caso, el periodista gráfico en sí. Alguien que no lleva el crédito del contenido de su trabajo, porque dicho contenido ya es el fin, el protagonista, el mensaje y el autor. Así pues, dicha muestra apela a la experiencia del periodista como profesional y como persona.

Una de las piezas clave de esta exposición es la experiencia de Renzo Martens en un documental que lleva por título Episode III: Enjoy Poverty. Martens viaja en el Congo, con una cámara como instrumento con la cual se graba a sí mismo realizando las entrevistas y las travesías de un lugar a otro de este vasto país, donde la pobreza es irónicamente el pan de cada día. Este testimonio es el recorrido de Martens, quien parte del postulado de que la pobreza es un bien capitalizable. Es decir, si se puede lucrar, ¿quién tiene el acceso al dinero que se consigue con y gracias a ella?

Tras un análisis financiero básico, Martens involucra a un grupo de fotógrafos locales en la búsqueda de poder convertirse en periodistas de su propia realidad. Lo hace de una manera cruda, fría y despiadada. Tal y como lo hacen el sistema y sus administradores. Les informa a los fotógrafos que hay gente de otras partes del mundo ganándose miles de euros y/o dólares a partir de retratar la guerra de ellos, su escasez y la muerte de sus niños. Si la pobreza es suya, también el derecho a los euros que nacen de ella.

Nada. Una palabra tan llena de escasez, tan corta que no alcanza a abarcar la magnitud de sí misma. Quizá nadie puede imaginarse lo que significa no tener nada de comer. Ni siquiera uno de los protagonistas del documental, quien lleva a su casa hojas de palma para alimentarse y alimentar a su familia.

Tras la frustración que conlleva el enfrentarse a la realidad de un sistema que ha colonizado hasta el pantano más recóndito de África, Martens decide predicar otra forma de vivir la pobreza. Disfrutándola. La felicidad es el fin último quizá, el método con el que se sobrelleva la vida de la mejor manera posible, hasta su extinción.

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✼ ¿ Con Z o con S ?

Hablando con Juliana en una de esas tantas VillaRola-afternoons, le planteaba mi siguiente cuestionamiento:

En España, los castellano-parlantes pronuncian la Z y la Ce/Ci de manera diferente a como la pronunciamos en América Latina. Para nosotros, la C, la Z y la S tienen la misma fonética. Esto marca una diferencia en nuestro aprendizaje de la ortografía. Para nosotros en América Latina, la ortografía viene dada por un proceso de memorización. ¿Cuántas veces no nos pusieron en clase de Español a repetir bla ble bli blo blu se escriben con B?

En España, en todo caso el proceso para tener una buena ortografía sería el siguiente:

La palabra corazón —> ¿cómo se pronuncia? —> coraZón —> vale, entonces me queda básicamente una sola opción entre escribirlo xon S o con Z (incluso se descarta la C de antemano). De aquí que quizá entonces el aprendizaje es meramente fonético. 

Según Juli, colombiana, en este nivel nuestro aprendizaje se vuelve visual. Memorizamos una palabra viéndola. No hay una razón ni explicación que vaya más allá de la regla. Pero incluso, ¿no te ha pasado de que no sabes cómo se escribe una palabra, la escribes con las dos (o tres) opciones, y luego ves cuál “te suena” más (aunque realmente no te suena)? Al convertirla en un símbolo visual, tu memoria ubica más rápido la respuesta correcta. 

¿Qué consecuencias tiene que, en este sentido, nuestra escritura vaya de la mano con una capacidad de memoria visual/fonética que tenemos que desarrollar cuando niños?

No creo que un proceso sea más difícil que otro. Son simplemente procesos distintos. El español podría tender a ser más exquisito con el oído y la musicalidad de las letras. Nosotros por el contrario, podríamos ser más detallistas con las formas, los signos, los símbolos y sus resultados estéticos. 

Ahora bien, si hablamos del lenguaje sólo, quizá en América Latina se tiene un habla menos matizada (sin tocar el tema de los acentos). Y otra cosa entonces, ¿el español tiende a tener una buena ortografía dada por el uso contínuo de las palabras? Hablamos más de lo que escribimos… con lo cual…