MOTIVOS

Cuando era niña, no podía dejar de pensar en las cosas que quería ser y hacer cuando fuera grande, cuando fuera de día, cuando fuera dentro de media hora, ahora. Me preguntaba qué pasaría si un día me despertara, en una versión más optimista de Gregorio Samsa, convertida en un animal, en una súperestrella, en una prodigio, en una cosa, un bicho o una sirena.  De hecho, lo de la sirena lo adopté una tarde  y lo dejé porque me aburrió estar bajo la ducha durante tantas horas.

Estas fantasías posteriormente se volvieron ideas revolucionarias adolescentes. En mi vida adulta han pasado a ser paranoias. Pero desde siempre, han sido sólo manejables por medio de mis manos, una lápicera y el papel (ya… soy muy retro).

Cuando aprendí a escribir supe que no podría dejar de hacerlo nunca más. Así que por eso escribo, para no volverme loca, o al menos, para controlar mi propia locura dentro del descontrol de la hoja en blanco. Por eso incluso a veces me convierto en un personaje, en otro, en mí misma, en mi alter-ego, en el vagabundo de la calle, en mis vecinos, en mis padres, en los tuyos, en mi tía Alma cuando, al estar todavía al mando de sus pensamientos, escribía todo lo que hacía para separar su mundo interno del “verdadero”.

Mi tía murió en medio de una esquizofrenia que le paralizó el mundo real porque el interno se movía con tanta velocidad que requería toda su concentración y toda su energía. Pero según sé, siguió anotando en su agenda a qué hora se tomó la pastilla, a qué hora cambió la toalla con la que se secaba el sudor constante de su cabeza, a qué hora le rezó a Dios, a qué hora le dio de comer a los pájaros, y a qué hora salió por el pan, hasta que tuvo que llevar su agenda dentro de sí misma.

Escribo sobre los otros mundos que veo que suceden paralelamente en convergencia con el mío. De toda esa gente que quizá existe porque las posibilidades de que sea así son infinitas. Así que, ¿por qué no habrían de existir pintores al borde del divorcio, genios modernos del electro-pop, bebés rompe-cristales, cabezas que se pierden, sirenas bajo la ducha?

3 pensamientos en “MOTIVOS

  1. Reflejas con arte, fina pluma, lo que es ser artista aunque lo hayas focalizado en el escritor. Nos ponemos tantas máscaras a lo largo de la vida, que a veces, más de las que nos gustaría, no sabemos quienes somos.

    • Yo supongo que somos esas máscaras a la vez que ellas nos niegan a nosotros mismos en un vaiven constante. La máscara permite el reflejo de la esencia de nosotros mismos que, como toda esencia, es mínimamente infinita y tan grande como nosotros mismos y la máscara.

      El artista no sólo se vive a sí mismo y a sus máscaras, sino que vive diferentes yo-mismos con sus muchos antifaces. El artista siente lo que no es suyo tan intensamente que lo hace suyo y se exterioriza en su arte. Quizá su antifaz es ese mismo arte que produce a partir de las ficciones que ve y experimenta; o quizá el antifaz nunca deja de estar pegado a su piel.

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