Lágrimas, sangre y metal: Exquirla en el Festival Cruïlla 2017

Foto de @victrooll

 

Mientras exista debemos aprovechar a Exquirla. Mientras exista; porque esta colaboración entre dos proyectos musicales que parecía que no tenían sitio para hermanarse, no tiene un destino fijo ni propuesta atemporal. Y así como han llegado, inesperadamente, también a ellos les ha llegado inesperadamente la acogida de un público hambriento de sonidos nuevos e intensos.

El grupo madrileño de postrock/postmetal, Toundra, ya tenían un público entregado. Éste se congregó a disfrutarlos hace dos años en el Festival Cruïlla de Barcelona, donde no cesó en ningún momento el headbanging. Este 2017 repitieron con Exquirla en la cita catalana del verano, en donde fueron de nuevo bien recibidos por los seguidores comprometidos con el género que los vio nacer, pero también con sus nuevos adeptos, como yo, que hemos sido enamorados por su cara más poética.

Exquirla abrió la segunda jornada del Cruïlla, aún de tarde, con el sol apretando y las amenazas de lluvia ya completamente disipadas. Su primer tema se iniciaba con El Niño de Elche al centro del escenario, leyendo directamente del libro ‘La marcha de 150.000.000’, un intenso homenaje a este tercer nombre que compone el proyecto: el poeta Enrique Falcón. Para quien aún lo desconce los enormes versos de Exquirla como Porque sé que desconoces / la costa entre el infierno en los estados de sitio / Porque sé que desconoces / el olor del amoniaco recubriéndote el espanto fueron tomados de dicho libro.

La limpísima y respetuosa puesta en escena a veces recordaba a un cuadro flamenco: El Niño al centro, sus manos limpias y en movimiento consonante con la voz; los músicos rodeándole, entregados al llanto de las letras agudas y crudas de Falcón. Todo muy acorde a la solemne visceralidad de las canciones, donde sangran letras como Oíd, lo que oyeron en la casa del mundo / Oíd, la noche que los fueron matando / Oíd, lo que oyeron los muertos previamente. Lloran, llora el poema, lloran las guitarras mientras corre insaciable la batería, impulsada por un bajo potentísimo y el lamento de la voz. El viaje intelectual culmina en un choque de emociones, la experiencia visceral es la protagonista.

Todo el concierto fue un diálogo, el diálogo entre música y palabra que ya escuchamos en el disco ‘Para quienes aún viven’ y que en directo conmueve hasta las lágrimas. El concierto es un ascendente constante que llega a su clímax con el grito desgarrador del tema Un hombre.

Sí. Hay que darle un play contínuo a la música de Exquirla. Hacía mucho tiempo que nadie lograba hacernos llorar de esa manera, rompernos la barrera de los géneros, -los musicales y los literarios-, y arrancarnos de nuestros centros para hacernos explotar de rabia, de miedo, de horror, de melancolía. Era necesario.

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