ÉCHANOS, BANDERA

El 29 de junio de 2016 recibí una carta del gobierno de España en la que se me invita a salir del país en un plazo de quince días. Sin tener ningún problema con el Estado español, ni siquiera una multa por pasarme un semáforo en rojo, me sumí en la incertidumbre y en la rabia. El siguiente texto es consecuencia de la amable petición que me hizo el gobierno español.

 

ÉCHANOS, BANDERA

No nos queremos ir…
pero tú nos echas a patadas del territorio delimitado al que llamas patria.
No nos queremos ir…
pero siento que no te queda más espacio para nuestras metáforas.
Nos echas con tanta rabia
que hasta logro comprender por qué quieres tanto nuestra marcha.
Y es que…

Somos muy malas ciudadanas.

Quieres limpiarnos la sangre y las ideas con una bandera,
pero nuestros países no son de tela,
son de tierra.
Tienen carne, jugos, olores, sabores.
Caminan. Respiran. Les crecen flores. Tienen ideas.
Abarcan poco espacio geopolítico repartido sin estrategia.
Nuestros países no son los tuyos, bandera.
Nuestros países aman
y creen en ellos porque aman.
No porque tienen
o miden
o acumulan.

Somos malas ciudadanas porque escribimos cosas como ésta,
porque hacemos cosas como ésta,
porque sabemos cuándo callarnos la puta boca para estar tan bonitas
como buenas señoritas, pero…
No lo hacemos.
¿Y cómo hacerlo?
Si la vida continuamente nos pone altavoces vibrantes
y centenares de oídos con criterio delante.
Y yo no puedo ponernos esposas en las muñecas,
cerillas entre los dedos.
No puedes quitarnos el resplandor, logotipo de tela,
porque nosotras escribimos en las sombras si hace falta,
a la luz de dos farolas o bajo el efecto de un estroboscopio
un sábado a la noche en el Razzmatazz.
Escribimos a falta de filtros y nuestro Instagram es el de la verdad.
No Polaroid ni Clarendon, no,
lo nuestro es fotoperiodismo de guerra,
pornografía extrema para tus extremos rezos medievales
y violencia explícita para la implícita inmadurez de tu xenofobia.
Es bolígrafo y papel. Es una voz en antena y en Internet.
Son los micrófonos que no quise apagar
que no voy a apagar
que no vamos a apagar.

Somos malas ciudadanas porque no matamos a hipotecas,
no estamos cómodas en cadenas,
porque para nosotras un hombre es un hombre hasta que decide ser mujer.
Y viceversa.
Porque nuestro corazón es libre de amar a quien se le dé la gana,
porque nos gusta mojarnos los pies, beber agua,
enterrarnos en la arena, envejecer.
Porque creemos que la justicia no ha dejado de existir,
pero es que al justo y a la justa
no les permiten gobernar.

Así que…
échanos, bandera.
Échanos tierra.
Que entre más quieras enterrarnos lejos de tus fronteras,
a nosotras ya nos están creciendo frutos por las yemas de los dedos
y estamos creciendo en un campo fresco de cerezos en primavera.

Échanos, bandera.
Y no nos cuentes el por qué.
Que así nunca dejarás de ser oscura y misteriosa
tal y como dolorosa te retrató Francisco de Goya,
una presa perfecta para el obstinado cazador inquisitivo
que vive en nuestra cabeza.
Y vamos a luchar por ti,
contra ti,
con tus propias armas.
Para que te quedes con nosotras,
conmigo.
O bien porque nos ames.
O bien porque nosotras
te hemos
vencido.

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2 pensamientos en “ÉCHANOS, BANDERA

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