Bandera_Cataluña

Hace casi ocho años que vine a parar a este pedacito del mundo llamado Catalunya. Y desde entonces, cada septiembre me toca enfrentar dos criterios distintos con los que se vive el orgullo nacional (que no el nacionalismo): México y Catalunya. Cada año, me siento a observar cómo un trozo de tela, que simboliza un pedazo de tierra, puede generar emociones tan dispares. Cada año toca volver a la Historia.

Me emocionan los movimientos colectivos. A pesar del individualismo imperante, concluyo que la tierra siempre nos une. Para bien o para mal. La tierra. El espacio donde vivimos, crecemos, comemos, conocemos a nuestros amigos, nos enamoramos, formamos familias, trabajamos, nos desarrollamos, reímos, bailamos, lloramos… En fin, vivimos. Es en donde echamos las raíces que se encontramos el motivo para hacer a un lado las discrepancias.

Yo vine a Catalunya porque creí que aquí podría desarrollar mi vida de una manera mucho más fructífera. No puedo decir que ha sido fácil, ni que lo haya logrado del todo. Pero eso no tiene que ver con constituciones, normativas, partidos políticos, ni religiones, ni siquiera con banderas de unos u otros colores. Tiene que ver con la vida misma, y por ello, Catalunya, gracias.

Porque, a pesar de las penas y los errores, yo he podido crear aquí mi submundo. Y hasta ahora está siendo fantástico. Aquí es donde he conocido a todos aquellos a quienes doy gracias también. A mi familia catalana de nacidos aquí y nacidos en cualquier parte. Porque como yo, eligieron este pedazo del mundo para quedarse. Y por algo será…

Espero que todos en Catalunya, independientemente de las visiones político-electorales-administrativas, hayáis tenido una buena Diada, llena de optimismo de cara al futuro que se construye cada día en esta geografía.

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