reloj

No hay manera de controlar un reloj sin manecillas. Lo único que lo resuelve es saltar por la ventana.

Pero no queríamos morir y no nos gusta odiarnos. Hablo mejor por uno: el billete sencillo del metro, la cama doble individual, las contraseñas, la identidad, la perla y el huracán, el olor de la piel, tu piel, mi piel.

Dicen que hay que tener cuidado con lo que se desea. Y que todos los caminos conducen a Roma. Roma también es única, indivisible, individual, centro y bulbo. Voy a Roma y a la vez yo soy Roma.

Como siempre, lo que faltaba era el tiempo. Saberse mortal. Reconocer que sólo existe el ahora. Extrañar no es una razón para moverse. La vida no es un mosaico de momentos, es una línea contínua.

Íbamos a destiempos sin saber que existían. Los medíamos con un reloj sin manecillas. Lo que parecían segundos en realidad eran centímetros. Lo que creíamos un año, en realidad fue un año luz.

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