INMORTALIDAD Y TRASCENDENCIA

inmortalidad

Somos el presente, el pasado y la posibilidad del futuro.

La vida es mutable pero no deja de ser nuestra. El futuro también. “Ser” es un concepto atemporal, pero no sabemos controlar esa atemporalidad. Por eso buscamos la vida eterna y la trascendencia. Esa inmortalidad puede ser sólo materia, porque al fin y al cabo todo es materia o producido por la materia, y la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Somos inmortales porque somos moléculas.

Una vez que se comprende que la inmortalidad es meramente material, y que la trascendencia no depende sólo de ti, sino de una cantidad innumerable de factores externos, se separan conceptos de inmortalidad y trascendencia. Ésta última depende de la felicidad. El fin último es la felicidad. No se puede, y quizá ésta es la única certeza, cambiar el mundo como el todo que es. Cada quien puedes modificar el microuniverso del que es parte, y crear reacciones en cadena. Se pueden ralentizar los procesos ya en marcha, desde los ecológicos hasta los políticos. Se puede atrasar el momento de la autodestrucción con el aleteo de una mariposa o un sueño incomprensible.

La autodestrucción de la especie humana comenzó con lo que llamamos “aparición del homo sapiens”. Serlo involucra la autodestrucción misma, quizá no por instinto, porque el instinto es el de la supervivencia. Pero en el momento en el que el ser humano no tiene conciencia de “manada”, no se siente parte de nada (ni del cosmos, ni del planeta, ni de su especia), aparece la contradicción le hace boicotear su propia existencia. Así desde el principio de sus días.

El ser humano es incapaz de desarrollarse física, mental y espiritualmente a la par de su entorno. Su desarrollo va en retroceso, y cada vez es menos independiente. Su vida, trascendencia, felicidad, y subsistencia están ligadas totalmente a cuestiones materiales no renovables y prescindibles (máquinas, cremas, dinero), sin que logre racionalizar el autoboicot al que está sometido. Ha sido incapaz de generar un arraigo biológico a su tierra, al planeta y a sus cohabitantes. Ese desapego le provoca ansiedad e inseguridad, y por ende le vuelve violento. Le hace “dominar” tierras, cosas y a otros seres vivos. Le provoca una avaricia desmedida que tiene su raíz en el miedo a morir. Todo lo que la incertidumbre le genera es contrario a la adaptación que le llevaría a la verdadera trascendencia: el sentimiento de pertenencia.

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