PESADILLA POSTERIOR

hug

Llego al fraccionamiento. No sé cómo. Creo que venía andando. Toda la familia está reunida en un pequeño jardín que da a la calle, pero no hay coches. El sitio es incómodo, las sillas metálicas son incómodas, nadie me hace caso. Mi sobrino está intentando subirse a una silla. Lleva una camiseta rayada y un pantaloncito. Está mucho más grande de lo que parece en las fotos del Facebook. Mi hermana le dice que me salude y nos presenta. Él me dice hola y yo lo rodeo con mis brazos. Él me devuelve el abrazo y no me suelta. Yo tampoco. Me dice “te quiero, tía”, y yo empiezo a llorar sin poder evitarlo, sin poder detenerme. Dejo que mis lágrimas empapen su camiseta. Y él no me suelta, me sujeta con cariño. Sé que no me ha dicho “te quiero” a mí. Seguramente alguien le ha enseñado esta frase y ahora va repitiéndola por ahí. Pero me ha conmovido tanto, no sé si tenerlo en mis brazos, o el saber que yo pare él no soy nadie, que no puedo dejar de llorar. Así que lo suelto. Me aparto. Me doy cuenta de que me es difícil respirar. Tengo la nariz completamente bloqueada y estoy tan abrumada que no puedo hacerlo por la boca. Viene mi hermana a ayudarme. Me despierto con la nariz tapada y la garganta clausurada.

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