LAIETANA

LAIETANA

12 de junio. Las calles comienzan a llenarse de perdidas transparencias, de sonidos bizantinos, de extremidades alargadas. El asfalto se impone cual espectacular segunda planta de avenida principal. La avenida palpita con la arritmia mañanera de los motores. Pero el enfrentamiento de Brisa está más alla, al otro lado, en la figura permanente del señor don rey de alguna parte.

Brisa lo mira. Él la rechaza. Ella le recuerda que por las noches sin su sombra no sería nada. Él ni se inquieta. Brisa le dice que volverán a verse las caras. Cuando estés a mi altura, le responde él con la voz en off. Brisa cruza la calle. Conoce el inmutable vaivén de la luz verde que le sirve como aliada. Brisa se aleja. No echa mirada atrás, sabe que él tampoco va a girarse. El monarca se queda, en espera. Ella no. Se pierde entre las altas torres de una ciudad desmurallada. Esta mañana, la luz verde es un reloj y la calle, un cielo en posición invertida.

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