OFICINISTA DE DÍA, ¿Y DE NOCHE?

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La crisis te alcanza. Aunque tengas un contrato de trabajo. Te alcanza porque vives día a día pensando que quizá el mañana no se parezca en nada al que habías soñado para ti y los tuyos. Porque sabes que ya no puedes planificar nada, y que los sueños pronto se convertirán -si bien te va- en nostalgia, o -si te va peor- en frustración. Te alcanza porque sabes que no puedes invitar ni ser invitado, no puedes no estar preocupado, no es posible quedarte sentado. Hay que hacer algo. Pero, ¿qué?

Se puede cerrar los ojos a la crisis. Pensar que del otro lado del mar lo teníamos peor y que la crisis financiera de Europa no es nada comparado con la del 94 en México o el Corralito argentino. Que si salimos de aquella, saldremos de ésta. Que la economía se reactivará y que no hay mal que dure cien años (ni tonto que los aguante). Sí. Puede ser. Al menos en México el panorama pintaba oscuro hace siete años, cuando le dije adiós a la tierra del tequila. Pensaba que no era vida eso de tener 4 empleos para poder hacer lo que quería. Y pensaba que en algún lugar del mundo debía haber un sitio donde mi pasatiempo fuera mi empleo. El problema es que mi hobby nada tiene que ver con robar, ni con estafar ni con saquear. Con mentir, un poco, sí, porque al final de cuentas, la literatura algo de mentira tiene. Pero mentir por amor al arte está tremendamente desvalorado.

Así que vine a Barcelona y pensé: lo he encontrado. Pero como nada es eterno salvo la adicción al placer, la abundancia se me quedó corta y ahora tengo mono. Llegó la crisis y yo todavía tenía una lista de planes pendientes exageradamente larga porque en teoría, mi generación tiene una mayor esperanza de vida, y yo paso de aburrirme.

Ahora vivimos en crisis y las cosas son un poco así: Belén y yo nos describimos entre risas: “oficinistas de día, putas de noche (y sólo los fines de semana)”. La verdad es que nos gustaría sólo dedicarnos a ser putas y monstruos y hadas y cantantes de rock-ópera, rancheras y pop electrónico avanzado. Nos gustaría no tener que sumar IVAs que no fuesen más que para beneficio directo nuestro y del placer espiritual que nos otorga lo que nosotras llamamos arte. Nos gustaría no tener que agotarnos la vista llenando tablas de Excel, sino llenando de letras documentos de Word y páginas de papel blanco y papelitos de colores con los cuales luego hacer una performance para presentar en el teatro más guay de la ciudad.

Pero los que mandan eligen que el arte, o eso que ellos no consideran arte, sea opcional. Eligen que tengamos que vender baratas nuestras aptitudes, nuestra energía, recursos, imaginación, vida, idiomas, títulos, capacidad para oprimir las teclas de una calculadora. Quieren que vendamos ropa, comida insensata o algun producto contaminante fabricado con los sueños rotos de algún otro pseudo artista venido a menos. Quieren que nos pudramos.

La crisis te alcanza, sí, pero sólo te mata si tú te dejas podrir. Yo es que, por inercia, por mero instinto de supervivencia, me niego a ello y aunque sea, en el tiempo que me queda entre factura y factura, intento llenar las páginas de este libro imaginario. Aunque sea sólo para pedir ayuda, aunque sea sólo para hacerte saber que no estás sol@, que yo también cumplo horario de oficina.

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2 pensamientos en “OFICINISTA DE DÍA, ¿Y DE NOCHE?

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