helado

Hoy es uno de esos días en los que redescubres que el de vainilla es el más aburrido de los helados. Una de esas tardes soleadas, de brisa presente, de suéter ligero. Brilla el sol y fumas por aburrimiento. Quisieras estar afuera, y nada más por evitar reclamos inexistentes, vas por un helado y te lo comes en el parque mientras los niños juegan.

El de vainilla es el más tedioso de los sabores.

Quizá eres tú la más sosa de las mujeres. La única que no tiene otra opción una tarde de fiesta. Estas comiendo helado, conciente de que otros han empezado con un gin tonic a las 11 de la mañana. Y te lamentas por no haber sido más arriesgada, por no haber señalado el colorido tuttifruti, el naranja radioactivo o el verde papagayo.

El vainilla es el más soñoliento de los amarillos.

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