LA PROMESA DE LAS PLANTAS CACTÁCEAS

bandera de mexico

Cuenta la leyenda que el pueblo de Aztlán recibió el llamado de su dios más amado. A Huitzilopochtli, que comparte con Zeus, Yahveh y Ra la voluntad del capricho, le pareció que toda aquella gente debía moverse de sitio, ver mundo. ¿A dónde vamos?, le preguntaron los sacerdotes de Aztlán. Y Huitzi, que es creativo y le gusta pasarlo bien, les contestó que debían viajar sin rumbo fijo, como mochileros en el sureste asiático. Pero que cuando encontraran un águila, posada sobre un nopal, devorando una serpiente, habrían llegado a la tierra prometida. Los dioses, como los políticos, siempre están prometiendo tierras (o casas, o riquezas).

Lo que el dios de Aztlán no sabía, era que existe un lugar mágico, donde todo sucede y donde todo es posible, donde crecen flores en el desierto, los volcanes escupen nieve y los ríos fluyen por debajo de la tierra. Ahí, en medio de un lago, en un minúsculo islote, estaba la señal prometida. Ni el mismo Huitzilopochtli podía creer que el azar pudiera ser tan perverso. Le había parecido divertido tener vagando a un pueblo por más de trescientos años. Era como ver una mezcla de documental del Discovery Channel con la casa del Gran Hermano. No tenía ni que moverse de su trono para conocer el mundo. El primer sorprendido fue él. El segundo, el sacerdote mayor de Aztlán. ¡Oh, gran Huitzilopochtli!, le dijo, ¿es en serio? ¿Tenemos que fundar nuestra ciudad encima de un lago? Al menos me divertiré viendo como se les hunde dentro de 2000 años, pensó el dios.

Así nació la gran Tenochtitlán, hoy conocida como México. Un imperio tan absurdo, que las fiestas más coloridas pueden tener como escenario las guerras más sanguinarias, un lugar donde su gente sufre por amor y goza por dolor. Un pueblo que ha olvidado, a base de nopales y otras plantas cactáceas, que está ahí por un tal Huitzilopochtli. Él ahora vive retirado de su pueblo, en la international house de la jubilación. Con sus tantos y tantos extravagantes colegas, se reparte hoy el oficio y el beneficio. Ah, y mira la televisión.

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Un pensamiento en “LA PROMESA DE LAS PLANTAS CACTÁCEAS

  1. ¡No había caído en cuenta de que la fundación de Tenochtitlan fue el involuntario cumplimiento de una promesa de campaña!
    ¡Abrazos!

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