JORDI COROMINAS, VIAJE AL MANICOMIO DE LA CORDURA EN 600 VERSOS

Publicado en Letras, arte y ficios

jordigafas

Una de las armas del Gran Hermano, en la novela 1984 de George Orwell, es la reescritura de la Historia, la supresión de los hechos a favor de la clase dirigente. “Ignorancia es fuerza” era uno de los lemas de la sociedad orwelliana. Una sociedad que no recuerda su pasado, no tiene posibilidad de actuar en el presente para cambiar su futuro. 

El olvido es el punto central del más reciente poemario del escritor Jordi Corominas, Los lotófagos (Ed. Versos y Reversos, 2013). En este poema único, compuesto por 600 versos, Corominas juega con la imagen de un aeropuerto. La sala de espera aparece como un limbo mental donde los viajeros, adictos a la flor de loto e inmersos en una pasividad exasperante, olvidan a dónde van porque no saben de dónde vienen. 

Después de una decena de libros escritos y editados entre poesía, ensayo, cuento y novela, Jordi Corominas domina la palabra como arma y herramienta. Quizá por esto resulta fácil que nuestro encuentro se convierta más en una sesión de desmadejamiento, que en una de simples preguntas y respuestas. Me cuenta que no le gusta aburrirse, y que por eso se inventó este “artefacto llamado Loopoesía”. En él, el poema se presenta con imágenes, música y utilería con el fin de llevar al público a un viaje escénico de posibilidades tanto absurdas como analíticas. 

El autor, también intérprete, confiesa hacerlo porque cree que en poesía todo estaba ya muy visto. De esta manera, una presentación de Jordi Corominas es, para el espectador, un ejercicio de acrobacia mental. Incluso por momentos, una gran incógnita. Mientras que, para el poeta, Loopoesía es un periplo personal a través de sus propias reflexiones, emociones y obsesiones.

Los lotófagos de tu poemario representan a una sociedad que olvida. ¿Te parece que hemos caído en una especie de cinismo?
La sociedad de los lotófagos sí, es súper cínica. Son una metáfora de gente que vive en lugares a los que nos hemos acostumbrado y de los que somos incapaces de salir. Traficando con el olvido trafican con los sentimientos. Hacen que muchas cosas que emocionaban a la gente del pasado, porque lo conocían, ya no tengan valor. Y esto es porque quienes dirigen el cotarro quieren que no tenga valor. Se puede relacionar con el olvido de la Historia y por lo tanto, de lo que nos ha llevado hasta aquí. 

QUOTEScuerdos ¿Vivimos actualmente en una sociedad negligente?
Bueno, también hay mucha mas solidaridad a 
partir de la crisis. Pero sí que también es negligente. No sólo desde lo obvio que son los políticos, sino también desde las mismas personas que son afectadas por lo que hacen ellos. Hay un individualismo tan salvaje y tan bien vendido e inculcado, que impide que la gente quiera implicarse con los demás. Es lamentable. Hay una crítica muy fuerte en el poema a la pasividad. Y ser activo no significa estar tuiteando cosas, como yo también hago. Tienes que intervenir. Pero no sólo es una crítica a la sociedad de hoy sino también a las de ayer. El olvido es cíclico.

¿Se puede combatir el olvido?
Sí, ¡con mucha vitamina C! (risas). La respuesta es un tópico pero es una verdad como un templo: Sería posible desde la redundancia de que otra sociedad es posible. El olvido es algo muy fascista porque impide que las personas tengan a su disposición las herramientas para conocer mejor lo que les envuelve. Yo creo que los que están arriba de la pirámide intentan que no estén esos mecanismos a disposición. Sí, tenemos Internet, pero debes tener un estímulo para buscar las palabras. Por eso en el poemario hay una figura que es un poco como Dios, que es el croupier universal, que quiere que los lotófagos recuperen la memoria. 

Pero quien confía en el croupier está poniendo su fe en el azar sin ser responsable de su propio destino, ¿no?
Sí, pero después el croupier los va conduciendo a una sabiduría, donde el azar ya no tiene tanta importancia. Él abre las puertas y posibilita la recuperación de la memoria. También aparece el dios Pan, que desde su despacho –que era un despacho de Castilla y León que era, tal cual, de pan de comer– , lleva a los iniciados hacia la culminación: al manicomio de la cordura. Se habla de una recuperación que no es totalmente racional. Ahí aceptamos que estar cuerdos es de locos. 

QUOTESmarionetaEn el poemario aparece el viaje también como una metáfora de una huída.
Hay un viaje interior y un viaje exterior. El mental es obvio porque estás intentando destruir el olvido. El físico es un viaje mental en realidad, porque vas cambiando de mundo sin cambiar de lugar. Es como si los lotófagos vieran en una especie de nebulosa lo que les está sucediendo. Tiene un punto muy evangélico, ¿sabes? Porque está esto de la ascención. Pero es que las Loopoesías tienen un punto de ceremonia. Y las oficio yo, a mí me divierte. 

El estreno de Loopoesía 2013: Los Lotófagos fue el pasado 16 de febrero. Al término de la función, cuando saliste a agradecer al público, dijiste “lo hago para comprenderme mejor” en referencia al espectáculo. ¿Qué has descubierto durante este proceso?
Yo ya lo sabía, que escribes para conocerte mejor, pero aquí hay esta vertiente que no es exhibicionista, sino de acercar la poesía a la gente de manera diferente. Entonces está esa otra cara de la moneda. El espectáculo de este año ha tenido una elaboración tan larga, y lo he preparado con tanto mimo, que es como si este año yo fuera una marioneta de mí mismo. Soy una marioneta de mí creación. Recuerdo que también dije que tenía que domarlo (al espectáculo), porque lo he hecho yo pero tenía la sensación de que me enfrentaba a algo que nunca había vivido. Me daba vértigo. 

¿Funciona solo el libro sin el espectáculo?
Sí, el libro es muy fuerte. Siempre intento que cualquier cosa que escribo pueda leerse sin un elemento externo. Tiene que sostenerse él solo. 

¿El show es una estrategia de markting?
No. A nivel de inquietudes mías, entendí que conjugar un poema –un poema río– con música, imágenes, e interpretación, me ayuda a no quedarme quieto. Que todo eso sea la manera de presentarlo al público, me estimula. El libro esta ahí para quien lo quiera adquirir, quien vea el espectáculo, pero es una consecuencia lógica. El poemario, en su formato libro, se puede leer de manera más relajada y lograr el otro objetivo de Loopoesía que es que se reflexione.

¿Crees que el verso se pierde al conjugarlo con tantos elementos en el escenario?
Nosotros, cuando vemos la TV, nos quedamos con imágenes y palabras. Aquí es lo mismo. Hay un elemento teatral pero no es un teatro de diálogo. El teatro, en este caso, es una excusa para desarrollar un cuerpo poético. Por ejemplo, las imágenes que uso son el poema de manera visual. La música es el poema en su elemento melódico. Quizá lo menos importante son los movimientos. Yo no me considero actor, por eso creo que no son fundamentales para comprender el poema. 

quoteeuropaA diferencia del teatro, en Loopoesía no hay un rompimiento del juego escénico, en el sentido de que Jordi Corominas es a la vez escritor, personaje e intérprete. Incluso, al final siempre das un speech en el que comentas tus sensaciones con el público…
Y les agradezco también. Yo no puedo salir del escenario porque me gusta compartir con la gente. Vuelvo para acercarme a ellos y agradecerles. Es algo muy personal. Aunque me gustaría que interactuaran más. Yo voy tirando caramelos, a ver si alguien pica.   

¿Alguna vez se ha implicado alguien del público mientras actuabas?
El primer año mi personaje, que era mucho más dadaísta –llevaba una máscara, iba con una chaqueta morada y una camisa rosa–, tenía un ataque de epilsepsia en medio del show. ¡Y perfeccioné mucho el ataque! Una vez, una persona del público se acercó a ver si me pasaba algo. Con El negro de Banyoles nunca un negro vio el espectáculo. En una ocasión, en Madrid, al final aparece un negro y toda la sala comenzó a aplaudirle. En Loopoesía 2013 yo creo que se podría hasta bailar la conga. Eso me encantaría. Algún día intentaré invitarlos, a ver qué ocurre. 

Durante tu trayectoria has viajado por diferentes formatos: ensayo, novela, poesía, crónica… ¿En qué registro te encuentras más libre como escritor?
Me siento más cómodo en la poesía, pero tengo la sensación de que escribiré muchos ensayos. 

Dicen que todos los escritores tienen apenas unos cuantos temas o intereses en los que basan el grueso de su obra. ¿Podrías enumerar tres?
Yo creo que hay más de tres, pero sí que te repites. Hasta Picasso se repetía. Yo los pondría en tres ideas. Primero, el surrealismo como exceso de realidad; porque surrealismo no es mostrar algo delirante, sino la realidad como es. Las palabras que mezclo es porque me lo permite el léxico. El segundo punto sería lo que veo por la calle, la normalidad. Y el tercer punto sería Europa. A mí me obsesionan Europa y España. Claudia Apablaza, escritora chilena, me decía que yo era un escritor europeo, no catalán o español. Yo no soy quién para decirlo porque me parece una afirmación muy grandilocuente, pero ése es el sentimiento interno a partir de mis obsesiones particulares. Me interesa Europa como problema. 

¿Qué personas o personajes te inspiran?
A nivel de estímulo y de superación constante: The Beatles. Magritte y Goya en un plano conceptual. También T.S. Elliot y Valle Inclán. Hay una especie de sucesión del absurdo español que me inspira mucho. Las vanguardias también porque ellos creían que se había llegado a un límite. Y cuando llegas a él no te puedes quedar mirando la pared; hay que sobrepasarla.

QUOTESliteratura

¿La literatura es un viaje o un destino?
Más viaje que destino porque la llevas contigo. Yo estoy todo el día pensando, aunque no me considero enfermo de literatura. Es algo que está de moda y me parece una chorrada. La vida tiene muchas más cosas. La literatura no es un destino, no, destino es morir. 

¿Nos cuentas un sueño?
Sueño sería hacer Loopoesía en el Palau de la Música. 

¿Quién estaría de público?
Pues…  ¡quién pagara la entrada! ¡Y el Papa!

¿El nuevo o el que acaba de renunciar?
Ratzinger, por supuesto.

¿Y un secreto?
Que pese a que me expongo mucho con el espectáculo, porque todo lo he hecho yo y yo soy quien da la cara, me gusta mucho mi privacidad. No me gusta nada el chismorreo. Yo escribo, yo actúo, pero eso no significa que tenga que vender mi imagen de manera exhibicionista como es tan frecuente ahora y en las redes sociales. Me gusta que las personas que yo quiero sepan de mí y de mi vida privada, pero las personas normales no tiene por qué saber nada. 

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