PARÍS SABE

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Tomarse unas vacaciones en París para relajarse es una idea estúpida. París no es una ciudad para descansar. No cuando cada calle es un indicio, cada parque es un experimento, cada palabra es un estímulo.

París, como casi todas las ciudades capitales, es ruidosa, estresante, gris. La gente va empujándose para subir al bus, para bajar del metro, para cruzar la calle. Te mira de reojo porque el tiempo le consume, te observa con la indiferencia de quien lo ha visto ya todo. Hace 15 años, la sonrisa parisina era una utopía de película romántica. Sin embargo, algo hizo la globalización y el Internet con el parisino promedio –es decir, el parisino que alcanzas a conocer en una estancia corta de cinco días–. El bonjour de turno es un saludo cordial. Cualquier bistrot es ahora tan caluroso como el bar de Amélie (el de la peli, no el real).

Haciendo un poco el Hopper.

Haciendo un poco el Hopper.

Hay cosas que no cambian, como que el parisino promedio no intenta jamás hablarte en inglés cuando se entera de que tu pronunciación es lo que para los mexicanos el “buritouuuu” de los yanquis. No obstante, hay una tolerancia y paciencia con los que pedimos “an café olé si buplé”. Por su parte, ellos intentan comunicarse contigo, casi siempre italianizando la lengua de Molière. Al parecer el italiano es el punto en común de todas las lenguas romances. Por eso se despiden con un buongiorno después de decirte que la rue de la tal o le metro le plus proche está a destra. Merci beaucoup, grazie mille, buen día, chau. Pero sí, mesdames et messieurs, ¡París sabe sonreír!

Si tengo un recuerdo grabado de hace 15 años, la primera vez que visité la ciudad luz, es el desagrado que fue encontrarme que en París, les toilettes eran un hoyo en un suelo atiborrado de papeles húmedos y líquidos varios. En algún sitio leí que este tipo de retretes obliga a una posición corporal que es mucho más beneficiosa para el tránsito intestinal. En Asia, todos los lavabos son prácticamente así. Una vez que pasas por esa experiencia, realmente tu intestino lo agradece; pero esa es otra historia. En fin, que de alguna manera, una de las misiones de volver a París era comprobar si les toilettes se habían quedado tan en el pasado como todas esas piedras antiquísimas que construyen una de las ciudades más hemosas que he visitado nunca. Misión cumplida.

Houellebecq y yo, en el frío y en las delicias.

Houellebecq y yo, en el frío y en las delicias.

Otras de las misiones era visitar el Pompidou y su impresionante expo temporal de la obra de Dalí, sonreír ante el gran masturbador y hacer lo propio ante una de mis obras favoritas del autor: Canibalismo otoñal. Más: hacer eso de flâner por el Quartier Latin y Montmartre; quedarme siglos enteros hojeando el repertorio librero de Shakespeare & Co.; tomarme un café en el mismo sitio que Simone de Beauvoir; comer rico; ir a presentar mis respetos a Apollinaire, Molière y Jim Morrison; comprarme finalmente un libro de “Spirou et Fantasio”; charlar por horas con mi amiga Elisa; conocer la redacción de Snatch; y hacer el tradicional barring nocturno en algún bar con carisma.

Cinco días son tan insuficientes en París, como descansar en una ciudad en la que el tiempo es tan relativo. Ha sido fantastique en toda regla. No sólo los paseos de día acompañados por la inmortal brisa del Sena, pero también la llegada por la noche al apartamento del amigo-de-un-amigo, quien me había dejado las llaves de su acogedor piso en las faldas de Montmartre. Algo en eso me hizo sentir por momentos como una local, una hija adoptiva de la capital francesa, boina incluida. Y sonreír, también, a pesar del frío de mierda que me hacía cabrearme por momentos (¡maldita la inutilidad de ponerse tres pares de medias a la vez!!!). Honestamente, aún no sé cómo he sido capaz de dejarme salir de allí.

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3 pensamientos en “PARÍS SABE

  1. Y pensar que sigo sin conocer París… Aunque me alienta mucho eso de que los parisinos recurran tanto al italiano como tertium comparationis. ¡Abrazos a granel, jeje!

  2. Y pensar que pronto irè a Parìs, estoy muy emocionada, ojalà mi experiencia sea tan placentera como la tuya, como siempre me gustan tus escritos. gracias por escribir.

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