VANITY DUST: “LA CONQUISTA SOCIAL ES UNA COSA DEL SIGLO XX”

Publicado en Letras, arte y ficios

A Vanity Dust todavía se le puede pillar en el desconcierto. Lo cito en el Segundo Acto un sábado a las 8:30 de la noche. Él se esperaba una tragedia: estaba de resaca tras 48 horas de festival, no tenía ni cuatro horas seguidas de sueño, y yo, además, le invitaba a ver un recital de poesía a partir del segundo acto. Cuando se enteró de que ése era el nombre del bar al que íbamos, se guardó la hostia que traía en el puño. Primero, porque yo soy mujer y él, ante todo, es un dandy. Amateur pero con mucho cariño, según se describe a sí mismo. Y segundo, porque le gusta observar, experimentar y dejar que las noches le sorprendan. Para escribir.

Vanity Dust mantiene un blog desde hace 4 años, una especie de diario donde aplaude y pone a parir (generalmente lo último) a cualquier cosa, personaje o evento que llame su bizarra atención. Este año ha publicado en la editorial virtual Sigueleyendo un libro titulado On Fire: Instrucciones para una huelga (más o menos) general. En él narra, junto con el escritor Óscar Sáenz (alias Joe Kelso), las diez horas que pasaron juntos caminando y tuiteando lo que sucedía el 29 de marzo, día de la huelga general en España.

Entramos al bar. Nos sentamos a la mesa que está bajo el árbol de plástico tamaño gigante, flanqueados por el mural de una ciudad neón en ese antro que aún apesta a la fiesta de la noche anterior. Vanity Dust se lamenta de la ley antitabaco. Todavía. Pedimos una botella de agua y una caña. La cerveza no es para él. Aunque sea difícil creerlo.

¿Cómo describes On Fire?
Es un experimento interesante. La idea fue una propuesta de la escritora Cristina Fallarás, que conocía lo que yo hacía cuando trabajaba en la revista de literatura Quimera. Yo soy bastante malo a la hora de comprometerme con algo , siempre estoy apalabrando con todo dios y nunca he encontrado eso de: “Mira, voy a hacer esto”. Pero Cristina nos dio los deberes: periodismo gonzo, empaparse de Hunter S. Thompson de arriba a abajo. Y me dijo: “Te voy a presentar a este tipo que se llama Óscar Sáenz. Vais a ir a la huelga y vais a hacer lo que os dé la puta gana. No hay concentraciones a las que ir, no hay horas. Vosotros vais a estar allí y vais apuntando, tuiteando y contando lo que veis.”

¿Cómo fue el proceso de recopilar la información durante la huelga?
Surrealista. Nosotros venimos de un lado del periodismo poco ortodoxo y de calle. A partir de eso, a las 10 de la mañana tienes un par de tíos ahí de: “Bueno, vamos a dar vueltas por el barrio”. Y empiezas a ver bares que abren, bares que cierran, piquetes por allí, por allá. Te conviertes en un espectador.  Fue una especie de antigonzo. Muchas veces nos quedamos bloqueados o discutiendo tonterías. Y pensábamos: “hay que cambiar de aires porque este plan no funciona”. En realidad nos lo tomamos bastante en serio el tratar de contar el máximo de cosas posible. Y precisamente, por eso estábamos sometidos a la realidad.

¿Pero hay un poco de ficción en el libro?
Sí, hay un poco de ficción.

No voy a preguntar cuáles son las partes ficcionadas porque le quitamos el misterio.
No recuerdo las partes ficcionadas ya.

Para la jornada de la huelga, Kelso y tú preparan su propio piquete personal, un homenaje a Manuel Delgado.
Sí, y no tuvo ni puta gracia. La práctica era coger un boli, ir a un local abierto, y tomar notas sobre las cosas. Se supone que el comerciante lo ve y se inquieta porque cree que es un piquete que ha venido a ver lo que van a reventar.

Delgado fue un activista político cuando se podía ser innovador. Iban a hacer de piquetes pero buscando otras maneras. Eso es I+D. Se ve que cuando él lo hacía al cabo de cinco minutos el tío bajaba la persiana. Pero nosotros estábamos ahí, con una pinta de amateurs, de guiris perdidos. Un rotundo fail. Luego resulta que la dependienta está muy buena ¡y teníamos que hablar con ella!

Aunque trabaje para el enemigo: American Apparel.  
Exacto. El de American Apparel es uno de los momentos del libro a los que más cariño le tengo porque bizarreamos bastante de lo que venía a ser la actividad ordinaria. Fue un piquete del siglo XXI. Traer un indigente, empezar a probarse ropa, a destrozarlo todo, a robar cosas.

Fue más bien un antipiquete.
Sí, qué vergüenza (ríe). O sea, no sabes qué haces: eres un puto zumbado que llega ahí y lo pone todo del revés. ¿Y esto para qué sirve? Para nada. Y no es para comparar con movidas anarquistas o revolucionarias, pero no cambia nada si tienes cincuenta mil peña para reventar un Starbucks y hacer el punki. Ya se sabe que la manera en que funciona el mundo a nivel económico no tiene nada que ver con los mecanismos de protesta o autorregulación.

Una huelga es una distorsión en concreto, unas horas, pero eso no tiene ningún tipo de influencia. Te pongo el ejemplo del copago. De golpe todo mundo esta pagando un euro por receta. O sea, ¿qué tiene que ver una crisis financiera que empieza con una burbuja inmobiliaria loca y acabar, cuatro años después, pagando un euro más por tus drogas? Las legales, porque afortunadamante la otra vale igual, incluso ahora que subió el IVA. O sea, no lo entiendo.

¿Qué fue entonces la huelga del 29 de marzo?
Una movida descomunal. Gente arriba, abajo, piquetes, concentraciones. Tú te preguntas a qué hora van a cargar porque claro, son las diez de la mañana y ya hay furgones por todas partes.  Y luego tienes la conciencia, que tenemos todos, no me jodas, de que las putas huelgas no sirven para nada. ¿Cuántos años de recortes llevamos? ¿Y cuántas huelgas? Y antes de los recortes ¡también había huelgas generales! Zapatero creo que tuvo su huelga maromera. Éste (Rajoy) ya va por la segunda en un año. A lo que me refiero es que la conquista social es una cosa del siglo XX.

La conquista de hoy es la república independiente de tu casa. Ésa es la conquista del siglo XXI. Tu estantería Billy, ¡eso es cojonudo! Es la hipsterización de la sociedad pero al mismo tiempo en precario. Gente a la que le han recortado el salario y que buscan tener una casa más o menos arreglada con ese salario recortado. Es todo muy absurdo.

Hay una cierta decepción en el libro al respecto. Empiezan ustedes con mucho optimismo. Incluso con expectativas. Se esperan hasta un cordón de personas rodeando la Catedral de Barcelona, protegiéndola de los enemigos del trabajo religioso. Pero se encuentran con todo lo contrario una y otra vez: negocios abiertos, turistas haciendo fotos, descuentos en la FNAC. ¿Crees que esa decepción es generalizada con respecto a las huelgas y manifestaciones?
Yo creo que sí. Lo que pasa es que reconocerlo es reconocer que estás en pelotas otra vez. Aquí viene el I+D: investigación y desarrollo. Si tú estás haciendo una acción para conseguir un objetivo y eso no funciona, tienes que pensar, inventarte otra cosa. Cuando fuimos a la radio nos preguntaron: “¿Por qué tú no lo haces?” Y yo digo: “Porque yo no”. Yo salgo y escribo lo que veo. Ése es mi curro y lo que me gusta hacer. “¿Tú qué propones?”, me dicen. Yo no propongo porque yo no cobro por ser político ni estoy en ningún sindicato. Yo sencillamente digo que lo que hay no me gusta.

¿Ves muchas contradicciones en la sociedad, en la huelga misma?
Veo un delirio. O sea, los anarquistas ahí con un cacharro raro que hace música –que en el libro le llamamos el Camión del KAOS–. Luego, como tres manifestaciones al mismo tiempo. Turistas. Los piquetes no bajaban al Borne porque les daba palo. Estaban ahí todos los comercios abiertos. La calle Joaquín Costa perfecta también, porque los pakistaníes y chinos no saben lo que es una huelga.

Pero los huelguistas tampoco se acercan allí, ni siquiera por reclutar.
Volvemos a lo mismo: siglo XXI y siglo XX. Por una parte está el obrero concienzado, supuestamente obrero, y por otra, el currante de toda la vida. Lo que queda del siglo XX es una especie de desquicio. No habrá diálogo entre huelguistas y pakistaníes y chinos. Ellos seguirán abriendo. Y cuando no haya trabajo se irán para otro sitio.

Barcelona. Foto tuiteada por Vanity Dust el 29M.

Vemos a Vanity Dust en el libro porque es él quien nos narra su experiencia, pero también lo vemos a través de los ojos de Kelso.
Yo no sabía lo que él escribía y él no sabía lo que yo escribía. El proceso fue bastante experimental. La idea era hacer una crónica tipo tres páginas pero se fue de madre. Porque él me mandaba la primera parte. Entonces yo leía y a partir de ahí continuaba y se lo mandaba a él. La repercusión es que él metía sobre mí cosas como: “Este tío es un petardo, la está liando”. Yo me encontraba eso leyéndolo, no porque lo hubiéramos discutido o hubiera un tipo de orden. Y se la devolvía: “¿Ah sí? Pues tú vas a estar ahí con tu Iphone de mierda, acojonado. Te vas a beber una caña y vas a estar zumbadísimo”. Era una especie de pique pero colaborativo. Bonito y todo. Fue interesante porque te das cuenta de que Vanity es bastante imbécil, pero al mismo tiempo inteligente y con conciencia.

¿Es diferente el Vanity Dust que escribe en el blog al Vanity huelguista?
Yo creo que sí. El del blog tiene un punto más hedonista, más exagerado. Se regocija con los propios sufrimientos y sus propios giros emocionales o en las lecturas. El de la huelga es el tío que se pone el kit de viaje, que es de mochila, y sale. Es más riguroso y también más político. Creo que es mas político de lo que puede parecer. Y provocador.

Y a la vez es un poco hipster, ¿no? Aunque no sé si es por una nostalgia de un pasado hipster perdido o es más bien el anhelo del hipster que no puedo ser porque es más cool ser antihipster. ¿Dónde está situado Vanity Dust?
Es una amalgama. No se puede separar. Puede tener una actitud hipster o pija. O ser un poco más garrulo. O podría ser el del PP de Valencia que trae al Opus en la muñeca. Y puede ser chulo y flipado, ¿sabes? Pero algo que es bastante importante es que Vanity no se toma en serio a sí mismo. Al tío le gusta escribir y sabe que hay cinco o diez que entran a su blog y ven qué foto tan bonita pero no leen el texto. Vanity tiene conciencia, pero al mismo tiempo sabe que no es un tío en el que puedas confiar. No está forjándose una identidad de “lo que digo va a misa”.

¿Tiene esa vanidad de querer que lo lean? ¿O le da igual?
Es un poco rara la evolución. Yo abrí el blog en 2008. Y la cosa ha ido de manera bastante natural: publica, enlaza, comenta, entra. Terminé en una rueda de gente que no conozco. Todo virtual. Rápidamente mi blog se convirtió en un diario, aunque no de los de “hoy me he levantado con el pie izquierdo”. Luego llega un momento en que la realidad es bastante aburrida. Lo de abrir la prensa me inspiraba cuando tenía 18 años, cuando estudiaba periodismo. Ahora ya no.

¿Dónde está tu inspiración ahora?
Sí que es cierto que en la vida real. Pero en cosas que te cuenta la gente. O sea, cosas como: “Resulta que pillé un avión súper ciego, me equivoqué de asiento, y al final me sente al lado del tío del telediario”. Esa historia, a petarla. Puede pasar de todo. Termino poniendo un poco de otros libros, de películas, de series. Y de mi vida.

¿En qué estás trabajando actualmente?
Como Vanity, el curro es tener el blog más o menos en activo. Actualizarlo un par de veces a la semana. También colaboro para una revista de Zaragoza y tengo una especie de blog en una revista de música electronica llamada Vicious. Y si todo va bien, abriré un blog de economía, pero ya te imaginarás el estilo. Será un rollo tipo Punset mezclado con un enfermo mental o el típico borracho de bar. Yo estudié economía dos años, cosa de la que no me arrepiento. Así que también tendrá un tono académico de economista prepotente.

¿Qué personas o personajes te provocan ideas?
Hello Kitty, porque… tú mírala. La miras y te deshaces. Un samurai porque es un tío que te puede partir la cabeza y no te das cuenta. Esto es muy japo, así que voy a mencionar también algo europeo guay. Coño, ¡Laurent Garnier! Porque la fiesta, bien hecha, mola.

¿Un sueño?
Básicamente, tú imagínate una montaña de ropa en una sillita de American Apparel. Hay mogollón de gente que va a verla y le encanta, pero la dejan ahí. Luego, mogollón de tías, súper pibones. Vas ahí, hablas con ellas, tienes la ropa. También mogollón de drogas. Pero no funciona como que te pones ciego, te pones la ropa y te ligas a los pibones. No. Los elementos por separado. Y Vanity Dust sería una especie de voyeur que luego va al mete-saca.

¿Y un deseo?
Feliz Navidad. Es importante.

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On Fire. Instrucciones para una huelga (más o menos) general está disponible en formato digital en este enlace. Edita Sigueleyendo, 2012.

El blog de Vanity Dust aquí.

Una versión corta de esta entrevista fue publicada en LeCool Barcelona.

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