CONFESIÓN

Publicado en: Cuentos de F(r)icción

Pertenezco a las sombras. Lo sé desde que nací. Ya entonces conocía que en el mundo no hay más que dos opciones y no existe la libertad de elección. Trataron de educarme con ángeles y luces. Quisieron pintar de colores la oscuridad de mis pensamientos, palabras y omisiones. Pero los actos hablaban por sí solos.

No era sólo el motivo carnal, la impulsividad de la naturaleza humana sin pulir, lo que motivaba el delito. Era algo que ya entonces superaba la hambrienta insatisfacción de la sangre. Mi alma ya estaba negra y supuraba líquidos rojos y viscosos con cada apretón de manos.

He sido una infiltrada en el mundo de los misericordiosos, una espía del demonio emergida del vientre de mi madre. Nací pura de maldad y exquisita en egocentrismo. Nunca he actuado en legítima defensa, nunca he obrado por otro placer que no sea el de mi asqueroso deleite. No soy ni seré una santa. Eso se percibe. Todos lo saben. Lo respiran por los poros de la piel en cuanto se me acercan. Pero ellos, los buenos, quieren salvarme. Su objetivo radica en arrancarme la piel quemada de un tirón y dejarme en carne viva para después tapizarme de plumas blancas.

Ellos no entienden que la vileza no es una condena, sino un destino. Y aunque han hecho lo imposible para atarme con las cadenas del remordimiento y la piedad, se engañan con los ojos de la fe.

Nos aguarda la aniquilación. La anunciada en mi primer llanto. Cada vez está más cerca. Los míos me visitan con frecuencia. Inhalan mi aliento, huelen mi excremento, les excitan mis secreciones cerebrales. Cuando llegue la hora, me dejaré envolver en los ardientes brazos de esos otros yo que, como yo, reniegan de la mediocridad y la bipolaridad. Me iré con ellos a donde los gozosos gozan y los pervertidos pervierten. Donde se puede sangrar sin culpas y no hay ni temor ni dios.

¡Abrázame, demonio! Llévame contigo. Enciende mi médula. Hierve dentro de mí este caldo de raíces. Haz de mí tu irreverente puta y premia con torturas la nada que he deshecho.

Luego, abandóname.

Déjame en este mundo donde todos anhelan un par de alas en sus espaldas. Déjame, que aquí al menos he aprendido a burlarme de todos por no llorar con ellos. Que al fin y al cabo, sierva soy de este lado oscuro, esclava devota de los mandatos sombríos, y fiel hasta que la muerte absuelva la genética de mi maldad con el azar con que me fue otorgada. 

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