Sobrinos 2.0

Mi virtualidad está llena de peditos tiernos, candorosos, risueños. La mierda también provoca sonrisitas. El mundo es un maravilloso lugar de colores pasteles y marrones.

A distancia percibo los olores 2.0 del talco, la leche, la miel y los desperdicios tóxicos del ser humano. La primera vez que le escuché me dieron ganas de estrenar mis brazos en esas cuestiones de la maternidad. Yo, que ni muñecos tuve de niña, que los bebés me dan miedo porque parecen tan frágiles y complicados, sentía ganas de apostarlo todo y conseguir el abrazo perfecto para una persona de dos meses de edad.

Marcelito mide 66cm ahora, y tiene unas piernas larguísimas. Ya prácticamente no cabe en la bañera miniatura. Y con lo mucho que le gusta el agua. Sus padres miden 2 metros cada uno y le han aportado sus genes aguerridos, los de mujer mexicana y hombre alemán. Del padre ha heredado el interés por el teclado del ordenador. Qué gran ventaja esto del Skype y los niños de la era digital. Mas si yo fantaseo, deseo que a mi sobrino también le interese el teclado del piano. Nomás por tener otro conato de arte en la familia y seguir molestando.

Después cierro el ordenador. En mi casa huele a tabaco y a té de menta. Mis vecinos también tienen un bebé. Valentina se llama. Pero de ella sí me llegan los llantos, los dolores de barriga y los cambios hormonales de la madre. Paso. Me voy de fiesta.

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