Leer la prensa es un colocón

Qué puta paraonia. Intento escribir por el solo berrinche de vencer la hoja en blanco. Tengo las palabras en la punta de la letra, pero el inicio es el que no marcha. Busco inspiración viendo en qué anda la gente. Me interesan los diarios porque hablan de personas de verdad teniendo las más extraordinarias aventuras. Hombres y mujeres enfundados en traje y corbata que trabajan en edificios antiquísimos tramando misiones conspirativas. Matanzas y suicidios con tanta sangre que ni en la mejor película de Tarantino. Personas glamorosas con maquillaje estilizado que levantan libros, guitarras, piernas.

Los diarios últimamente sólo sobreviven si generan en sus lectores altas dosis de adrenalina. Y saben que la lucha es perpetua y carnicera. Las portadas lo dicen todo. Es como comprar un libro por su portada, la entrada al cine por su póster. Entre más jugosos los labios de Angelina y más ensombrecidos los ojos de Jhonny Depp, más devoradores habrá del contenido; aunque sea una chorrada.

Se esmeran tanto los diarios en la paranoia que ya las fotos son lo que David LaChapelle al artista moderno. Un wow. El espectáculo del espectáculo en versión sublime. Qué ganas de ver a Mariano Rajoy en el American Jesus en lugar de Michael Jackson. No falta mucho para que algún monero (como les decimos en mi tierra) haga algo así de impactante en formato cortina de baño para incluir con el suplemento dominical.

Ahora que si a uno le gustan las letras, el lector se  encuentra con textos como éste:

“El joven se mantiene atrincherado en casa con un número indeterminado de armas y probablemente podría disponer de elementos explosivos, como el gas u otros artefactos de elaboración casera. Los investigadores no confían en el perfil del joven, más aún cuando habría cometido las masacres contra los niños y contra los militares disparándoles a sangre fría y de forma indiscriminada con lo que podría ser una persona muy determinada y con un objetivo claro: provocar el máximo número de víctimas de fuerzas representantes del Estado francés.”
 

¡Es como leer a Carlos Zanón con los efectos especiales de Dan Brown y los exóticos escenarios de una peli con Jean Reno de prota! Oscuro, explosivo y casi morboso. ¡Si hasta los deportes son un drama! Victorias, rupturas, viajes internacionales, separaciones, reencuentros, pasiones desmedidas, drogas, sangre y cuerpos sudorosos.

¡Hay qué comentar el contenido del diario! ¡Cómo no hacerlo! Si aún cuando ya uno cierra la última página, todavía quedan promesas de porno. Hay que compartir la experiencia, intercambiar comentarios, defender las opiniones. No todo mundo lee el mismo diario y eso es maravilloso. Imagina. Es como si la historia de Macondo, además de ser contada por Gabo, la contaran Amélie Nothomb, Stanley Kubrick, Man Ray y Madonna en una canción. Confusión múltiple. Se generará tal tensión que habrá que ir por cervezas.

A veces el problema es volver a casa. Cerrar la puerta y encontrarse consigo mismo. Uno empieza a comerse las uñas, a jalarse los pelos. Son los efectos secundarios. Como con cada droga, te da mono. Yo intento escribir un poco. Es lo que hago para sacarme la ansiedad. Un escritor me dijo un día que los que escriben, en realidad, son unos neuróticos. Pero es que así como unos van al gimnasio, yo tengo que vomitar letras para despejar la mente.

Ver el mundo, y verlo a través de la prensa, es un colocón. Y como el que no sabe cuánto se metió la noche anterior, hay mañanas en que uno corre al ordenador, abre el periódico, el que sea, y comprueba si algo ha cambiado desde ayer.    

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s