✼ Siempre eres el guiri de alguien

Nací en la frontera social con la premeditación de quien busca lo mejor para sus hijos. Pienso en T. y B. Ella me cuenta que ambos se sentirían irresponsables si hicieran nacer a su hijo en Turquía cuando ellos han vivido y sobrevivido la agonía de persistir en territorio… en el territorio legalmente conocido como España.

Mis padres, de algún modo, hicieron lo mismo. Y me destinaron a ser una outsider.

Tendríamos unos 16 y 18 años, tal vez. Era de noche y estábamos en un bar en Manzanillo. Se acercaron dos chicos. Querían ligar conmigo y con mi hermana. ¿Estudian o trabajan? Típico. Y después: ¿De dónde son? Cuando contestamos, dijeron: ¡Claro! Ya decía yo que de ahí los ojazos tapatíos*. Repliqué: Pues mira, mi papá es de Michoacán y mi mamá de Zacatecas. Así que no sé de dónde habrán salido los ojos tapatíos que dices ver. Se fueron.

Mis padres quisieron que yo naciera en un sitio lejos del rancho y el pueblo. En la gran ciudad. Tenían una perspectiva mayor -que no necesariamente mejor- de la vida. Así pues, nací en Guadalajara, justo a la mitad de camino entre el pueblo y el rancho, en la segunda ciudad más grande del territorio mexicano. Mis padres, si aplicamos la visión catalana, fueron inmigrantes. Guadalajara es para ellos la tierra de las oportunidades.

Yo llegué a Barcelona hace cuatro años con la inconsciente idea de que ésta era la tierra de mis posibilidades. Sigo aquí. Rodeada de otros guiris**. Barcelona es una tierra de outsiders. Mi Barcelona es una tierra de outsiders.

Septiembre 24 de 2010. Estoy en un sitio enorme, con un tejado alto, alto, muy alto. Abierto por los lados. Al frente disparan luces de color violeta y dos chicos hacen sonar música desde sus ordenadores. Hay una fiesta. Y bailo. Entre mi grupo de amigos hay colombianos, franceses, mexicanos, argentinos, italianos, uruguayos, finlandeses, suecos, portugueses, checos, alemanes, chilenos, brasileños, turcos, bolivianos y alguno que otro nacional. ¿Qué hacemos todos aquí?

Me muevo entre mi grupo, me abro paso entre ellos, salgo del círculo. Me ubico frente a C. y atrás de un desconocido. La frontera. Frente a mí, otro grupo. Frente a este grupo, otro. Ahora no puedo bailar con calma porque ríos de gente avanzan delante de mí, tratando de ubicar algún punto para ellos dentro o fuera de la aglomeración. Y por alguna razón quiero estar en el centro. Nunca estuve en un centro y jamás me sentí parte de ningún grupo. Fui hippie, skater, nerd, bohemia, fresa, ñoña. He hecho turismo en todos, pero en realidad no fui nada. Sólo he sido yo. Ni anarquista, ni comunista, ni intelectual, ni de izquierdas, ni de derechas, ni de ningún color. Ni siquiera soy de Guadalajara. Siempre he sido el guiri de alguien.


* Por alguna razón que desconozco, se habla de que los ojos “tapatíos” son hermosos. Un tapatío es una persona de Guadalajara, México.
** Guiri: dícese del turista en España. Tiene una connotación originalmente despectiva, pero es asumida con naturalidad por los inmigrantes, sobre todo los comunitarios. Quizá porque son europeos o “primer mundistas” nunca dejan de ser guiris y no reciben el estatus social de inmigrantes.
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