✼ A propósito del príncipe, el dragón y la princesa

En algún reino urbano conocido, la princesa se encierra en un ático de la calle Doctor Dou. O si no, en el número 2 de la calle Valencia, reino de algún sitio. Un dragón -de proporciones variables- custodia la propia celda de carne donde ella reside. Y el pobre príncipe tiene que buscarse la vida con los iGadgets necesarios para llegar hasta ella. Es decir, para matar al dragón para llegar hasta ella. Pero ella no está ahí indefensa, no. Omitamos por siempre las reivindicaciones feministas, y ubiquemos a la mujer en ese sitio maquiavelicioso que le corresponde como criatura dual y despiadada, digna representante de su especie animal. Hela aquí, pues, poniendo a un jodido dragón gigante, sólo para ver cómo el caballero de las mil corbatas le mata, si es que 1. no muere en el camino, 2. no se cansa, aburre y va. Y luego, la chica, víctima de su propia trampa-prueba, confusa, olvida que el dragón responde a sus órdenes. Ella no recuerda que puede mandarle a dormir.

Planteamiento

Las andanzas de príncipe proponen múltiples opciones, a veces mediante procesos mentales, a veces por medio de estrategias emocionales involuntarias. Entre ellas:

A. El hombre mata al dragón, decide enfrentarse a la torre -otro obstáculo-, posee la torre, llega a donde está ella…

a.1 el hombre posee una mujer.

a.2 el hombre no posee una mujer.

B. El hombre elimina al dragón, decide no enfrentarse a la torre, el hombre se despide.

C. El hombre no mata al dragón y parte,

c.1 desiste,

c.1.1 pero encuentra.

c.2 busca otras torres con/sin dragones.

Nota

El oficio y arte de princesa también consiste en:

– Alimentar a los dragones y/o dejarlos morir -a voluntad tanto racional como impulsiva-.

– Cuidar la torre.

– Esconderse / Buscar la preservación de la especie.

– Cumplir / establecer.

Desarrollo

La gesta del dragón involucra muchos cambios y posibilidades dependiendo de las variables (edad, sexo, religión, cantidad de dolor experimentado al momento, cantidad de felicidad experiementada al momento, experiencia general sobre cuestiones de la vida, grado de sensibilidad emocional, grado de sensibilidad racional, flexibilidad y un vasto etcétera).

Hasta el momento es imposible realizar un conteo total de las gestas realizadas al momento. Se parte de muestras arrojadas por algún otro sensible que en un momento quisiese dedicar un momento de su vida a reflexionar sobre el caso, y en su caso, crear arte al respecto, lo cual es mucho más complejo de interpretar.

En fin.

Es de esta manera, que el desarrollo se encuentra registrado en prácticamente todas las canciones, películas, libros y obras de teatro, etc. habidas y por haber. Unas más exhaustivas que otras, otras más exhaustas.

Conclusión

Al no poder todavía plantear ninguna hipótesis sobre el “Happily ever after”, la investigación continúa en la fase de trabajo de campo indefinidamente. Proponemos la implementación de un símbolo como la rayita arriba de los decimales eternos, o una versión reducida del símbolo infinito para dicha fase.

Epílogo

El príncipe llegó a la torre hecho mierda, con ojeras, una resaca de cinco días y su propio e inexperto dolor de cabeza, sed. Estaba como para tomarse dos aspirinas e intentar dormir hasta el otro día. Ella tenía los labios secos, su cabello planteaba una incógnita difusa. Sentía ganas de comer, pero de algún modo sabía que no era hambre real, era ese aire en los pulmones. Cayó. Él también.

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3 pensamientos en “✼ A propósito del príncipe, el dragón y la princesa

  1. “La celulitis es un invento francés”

    Eliette Abécasis, profesora de filosofía, coautora del manifiesto posfeminista

    Nací en Estrasburgo de padres sefardíes. Fui finalista del Goncourt. Hombres y mujeres debemos preservar la diferencia para vivir la igualdad. Soy coautora de ‘El corsé invisible’: la industria cosmética y las revistas femeninas nos hacen carceleras de nuestro propio cuerpo

    La celulitis, durante miles de años, era un signo de belleza y salud…

    Aún seduce a muchos hombres… ¡Aunque las chicas no se lo crean!

    ¡Lógico! Durante siglos, lo que hoy se llama celulitis era señal de que la mujer tenía la salud y la capacidad de acumular reservas calóricas para hacer frente a las hambrunas, algo imprescindible en una buena madre y muy atractivo.

    ¡Un magnífico logro de la evolución!

    El arte la ensalzaba: Botticelli, Rubens, Rembrandt, Goya… Las curvas celulíticas prometían belleza y erotismo y, en cambio, la delgadez extrema era sinónimo de mala salud.

    ¿Quién hizo de la celulitis problema?

    La celulitis aparece citada por primera vez como problema en Votre Beauté en febrero de 1933 en un artículo del doctor Debec sobre ejercicios para aumentar la belleza.

    ¿Qué decía el doctor?

    “La celulitis es una acumulación de agua, residuos, toxinas y grasas que forman una mezcla contra la que es muy difícil luchar”…

    ¡Qué maldición!

    Aquel artículo conectaba con la ideología de extrema derecha que despreciaba la vida cosmopolita y ensalzaba las virtudes campesinas. Para aquellos higienistas, que anticipaban el culto al cuerpo fascista, la celulitis era un síntoma más de la decadencia de las costumbres en las grandes y racialmente promiscuas urbes de la era industrial.

    Pues el discurso, facha o no, perdura.

    Porque la falsedad de la celulitis maligna siguió y sigue sirviendo a los intereses de la industria cosmética y paramédica -desde los cirujanos plásticos hasta los masajistas-, que se enriquece con la angustia de las mujeres a las que las revistas femeninas convencen de que sus curvas naturales son un grave problema.

    A veces parece que hay un único artículo sobre la celulitis y lo van repitiendo…

    En primavera, “Prepara tu cuerpo para el bikini”; en verano, “Luce tu bikini”; en otoño…

    ¡Cuántos miles de millones en cremas, esponjas, vibradores, geles!

    ¡Cuántas tonterías con vitola médica! Pero, sobre todo, aquellos inquisidores celulíticos y las revistas femeninas lograron que la mujer, pese a que ya podía salir a la calle, continuara sometida, acomplejada, reprimida… Se quitó el corsé, pero se puso otro a sí misma mental, invisible.

    ¿En qué sentido?

    Lograron que la belleza, que hasta entonces era un don natural, se transformara en un objetivo y un símbolo de estatus. Y convirtieron el cuerpo de la mujer…, ¡con curvas, sí!, en su peor enemigo, un enemigo al que había que castigar con dietas y regenerar con carísimos tratamientos.

    Querían a una mujer carcelera de su propio cuerpo.

    La industria de la moda -condicionada por el gusto gay de sus modistos, que execra las curvas femeninas- y todas sus revistas han logrado durante décadas hacer sentir a la mujer culpable de ser lo que es: de tener saludables ¡y bellas! reservas calóricas. Y el canon de delgadez se radicaliza más y más…

    Lo decía Chanel: nunca se es demasiado delgada ni demasiado rica.

    Porque así siempre podrás gastar más y más en cremas adelgazantes.

    ¿Una mujer con poder estaría menos obsesionada por sus kilos?

    La mujer no goza del poder como del afrodisiaco que es para el hombre. El afrodisiaco de la mujer es el afecto. Una buena gestora sólo se alienará con su poder en la medida en que se haya masculinizado. Así que la mujer con poder en realidad será una mujer que lo ejerce por responsabilidad.

    ¿Cuál es la celulitis del hombre?

    Tenemos un problema común, amigos: un cuento infantil.

    Algunos cuentos los encarga el diablo.

    El príncipe azul. Hay que retorcerle el cuello al maldito príncipe azul.

    ¡Sea!

    Desde pequeñas nos colocan a las niñas la patraña de que un hombre nos liberará de nuestra cautividad y, del mismo modo, convencen a los niños de que algún día ellos serán ese príncipe único y eterno.

    Y nos preocupa no dar la talla.

    Tenemos que trabajar juntos. El feminismo también es cosa de hombres. Tenemos que rechazar esa mentira esclavizante: ¡no hay príncipe azul! Ese tipo del cuento no va a liberarte de nada, en realidad el príncipe sólo es una patraña para que te reprimas. Tienes que liberarte de esa idea para poder amar a los hombres como son. Y no necesariamente a uno solo, sino a los que seas capaz de amar en cada momento.

    ¿Usted también soñó con él?

    Yo fui alienada con ese mito cultivado por un entorno retrógrado: algún día encontraría a ese hombre, ese amor, el único y eterno, que me haría mujer, madre, reina.

    Y…

    No es que no lo haya encontrado. La broma es que no existe. Lo que hay son hombres -así, en plural- que son personas como nosotras, aún acomplejados por las mentiras que mantienen el orden patriarcal.

    El príncipe azul también descubre que no era el único.

    Y algunos no lo aceptan. Si acabáramos con la mentira del príncipe azul que conquista a su princesa, no habría violencia machista.

  2. Tuve un amigo una vez que canceló su boda. Uno de los motivos, -al menos, uno de los que se animó a aceptar-, fue que no tenía los ingresos suficientes para mantener a su futura esposa. No tenía un trabajo, ni poder adquisitivo, ni expectativas prontas de ello. Así que la dejó a pesar de que ella sí que tenía poder adquisitivo suficiente para aguantar a los dos mientras todo se ponía en orden. Él lo sabía perfectamente, pero dijo que el dinero de ella no era para los dos, que de cualquier modo, él era quien tendría que responder por las cuentas de los dos porque él era (es) “El Hombre”.

    Al final los complejos que tenemos tanto hombres y mujeres va por igual. Unos una cosa y otros otra. Hay hombres que están esperando a la princesa encantada. Una hermosa mujer que se despierta todos los días oliendo a rosas, con el cabello perfectamente arreglado, que es comprensiva, madre, mujer, musa y amiga a la vez.

    Cuando me di cuenta de que muchos de mis amigos hombres a los que yo respetaba por ser inteligentes, simpáticos, por tener iniciativa, por separarse del molde, de repente se emparejaban con chicas que tenían personalidades insípidas, reflexioné: Claro, después de todo, el hombre realmente no quiere llegar a casa y encontrarse a una mujer con dolor de cabeza porque su trabajo le tiene harta, porque su jefe es un hijo de puta abusivo, y porque no le alcanza el sueldo para nada. Las quejas habituales del mundo laboral. Otra traición de la educación que han recibido durante años y años. Una educación que, en mi México machista, abunda todavía.

    ¿Qué pasa con quienes decidimos alejarnos de los moldes? No vivir la línea que nos trazaron cuando nos enseñaron que había que ser príncipes y princesas. ¿Qué pasa con los que descubrimos que nadie es de la realeza? Seguramente nos tardamos más en encontrar una pareja. Quizá nunca la tengamos.

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