✼ Prefiero sentarme lejos de los niños

— Tienes un botellón fuera de casa. Hay como diez chavales en el portal del edificio con varios tetrabriks de sangría, —le dije.

— ¿Y?

— Me dio un poco de vergüenza pedirles que me dejaran entrar, por eso he tardado.

— Ah, yo pensé que habías ido a la tienda.a

— Sí, sí, pero luego me encontré con ellos y dudé… Me hicieron sentir viejo…

— Tonto.

— Sí, y tonto también.

— No, lo decía por… —replicó ella.

— Pero sí. Un poco tonto. Por tener una vida tan seria sin aparentarlo; tonto por sentirme tonto e intimidado por ellos. Si no fuera porque tengo ya canas soy prácticamente igual. Aquí estoy, esta noche, a ponerme borracho con mis amigos, a hablar de quién me gusta, a quejarme de lo que hago, a reírme. Yo, incluso, me visto igual que ellos. A mí edad, y todavía voy como un adolescente.

— Porque todavía somos adolescentes, quizá —opina alguien más.

— ¿Qué? —preguntó ella.

— Los veintes son la nueva adolescencia… o la extensión de ella; sólo que aún nadie le pone un nombre.

— ¿La veintesencia, puede ser? —propongo.

— Suena tonto, —otra vez ella.

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