✼ The exciting and audacious adventures of a working-class princess

El viernes se ha echo fama. Es un día de un cansancio delicioso cuya magia proviene de ser el último día de trabajo/escuela (para la mayoría). El Friday I’m in love de Robert Smith es también la explicación a la promesa de un último y libre derroche de energía.

Sí. Pero cuando un viernes es igual a un sábado, a un domingo o a un miércoles, la cosa cambia. Los 1,4 millones de desempleados en España podrán estar de acuerdo conmigo. El viernes existe en una idea, mas no en la realidad.

Así que cuando tienes la suerte de encontrar un trabajo (y en estos tiempos encontrar trabajo no sólo es suerte sino una cuestión casi místico-milagrosa), no pasa desapercibida la emoción de los viernes (o de los miércoles o jueves, dependiendo de qué tipo de fin de semana te dé tu empleo).

Desde hace varias semanas que para mí los jueves significan levantarme (no sin resistencia), sabiendo que gracias-a-dios mañana es viernes y se acabó.

Es contradictorio… cuando tienes la libertad te pesa, cuando no, la ansías.


No sufras, trabaja

Tengo una teoría: El trabajo es medicina o placebo, pero igualmente una droga psicológica que nos ayuda a vivir con nosotros mismos, a sobrevivirnos; de hecho creo que es la máxima droga. Mi experiencia (y lo que me ha enseñado la experiencia de muchos de los que me rodean) es que si tuviéramos 24 horas para nosotros mismos y la satisfacción de nuestras necesidades básicas, pasaríamos mucho más tiempo pensando. Tanta paranoia nos produciría una insanidad mental bastante dolorosa dada por la confusión mental.

De algún modo, el ser humano ha tenido que mantenerse ocupado para no pensar. Quizá por el miedo a descubrir la verdad sobre su existencia. Creemos que aquél que piensa demasiado es el que inventa cosas, descubre la cura del cáncer, Bill Gates, Einstein. Inventar no es lo mismo que pensar, aunque sean labores hermanas.


Sin caña pero con pescado

Erróneamente se cree que el trabajo satisface una necesidad básica: la de comer. El trabajo nos hace ganar dinero, pero con el trabajo no conseguimos el alimento. Si la naturaleza nos da el alimento directamente, ¿por qué tenemos intermediarios?

Yo misma me encuentro actualmente trabajando para un intermediario, contestando llamadas, organizando papeles. Tener un horario de oficina y llevarme el tupperware con la comida, hacer la pausa para el cigarrillo y escuchar las quejas de mis colegas sobre el jefe, el sueldo y la falta de papel de baño, se han sumado a mi lista de por qués. ¿Por qué habría yo de cobrarle una comisión a una persona que no puede por sí misma encontrar una escuela en Inglaterra para hacer un curso de inglés?

El debate se abre con los siguientes puntos: los intermediarios son empresas que dan empleo a la gente para que pueda comer; un intermediario valoriza su conocimiento y sus capacidades y puede vivir de ellos, entre otros.

El sistema actual que el hombre se ha inventado y en el que vivimos cansa el cuerpo y entume la mente. El viernes queda uno tan cansado que el siguiente paso es tomarse una cerveza y no pensar, meterse al gimnasio y no pensar, tirarse al sol y no pensar, bailar y no pensar, amar y no pensar. Y el siguiente lunes, otra vez a la dulce rutina de ganarse el pan con el sudor de la frente. “Ganarse el pan”… como si fuera un premio y no un derecho natural.

Hay un dicho que dice: “Enseña a pescar, no des el pescado”. La legitimación del trabajo se ha dado desde hace mucho tiempo al grado de que no concebimos una vida sin un desarrollo laboral que conlleve al desarrollo biológico (ya sin entrar en temas de la realización personal). Pero realmente nadie, o casi nadie, está aprendiendo a pescar.


· Apéndice ·
Es muy chistoso, yo a veces me siento un poco así*:

¿Quién dijo aquello que el arte imita a la vida y la vida imita a la televisión?
* The Office, una serie original de Ricky Gervais y Stephen Merchant.
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3 pensamientos en “✼ The exciting and audacious adventures of a working-class princess

  1. Ya lo decía el buen Jardiel Poncela “Cuando el trabajo no constituye una diversión, hay que trabajar lo indecible para divertirse”

    Y ya lo cantaba lucerito en los ochenta “viernes, gracias a dios es viernes, gracias a dios mañana y otro fin de semana para disfrutar tara ra”

  2. ¿Y los jubilatas? ¿Y los monjes birmanos? Tienen todo el tiempo del mundo para pensar y viven plácidamente… Será que se han convertido en atletas de la mente… ¡Claro! La mente es como un elefante conducido por un mono, pero a los monos se los puede amaestrar

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