✼ Yo no lavo mi ropa con Ariel

Imáginate que vas a comprarte un coche y para ello tienes una cantidad ajustada de dinero. Cuando le anuncias al vendedor dicho monto, él saca una sierra gigante y parte un auto por la mitad porque sólo para eso te alcanza.

La publicidad siempre está tratando de hacernos creer que pagamos menos de lo que en realidad vale algo. El cliente de ese anuncio publicitario (el de la sierra gigante) al final obtiene un coche entero por la misma cantidad. Claro, de la marca que ha pagado el anuncio.

Los críticos de nuestro tiempo coinciden en el punto en el que afirman que sobrevaloramos el dinero. Por mi parte, reflexiono que en realidad se ha producido hasta hoy un efecto de no percepción del valor de las cosas (tangibles e intangibles). Al contrario, no estamos valorando el dinero, sino los billetes y las monedas y su subsecuente acumulación.

Si hubiera una valorización del dinero no nos supondría ningún esfuerzo pagar lo justo por artículos que percibimos como “caros”; por ejemplo, una prenda fabricada con materiales reciclados/bles, ecológicos y sostenibles (para usar esta popular palabra), y que no está hecha por niños explotados de algún país de esa parte del mundo que aún está “en vías de desarrollo”. De lo contrario, estaríamos equiparando el VALOR REAL de esta prenda con el valor de los billetes que desembolsamos por ella.

Para seguir con el ejemplo, una pieza de vestir producida en condiciones insalubres, infrahumanas, donde los obreros son tratados como máquinas y no como personas tiene un precio bajo a diferencia de su valor. Debería tenerlo si consideramos que no estamos pagando por la prenda, sino por la vida del trabajador que la fabrica. Lo altamente decepcionante es que la vida humana no está valorada, únicamente lo material, y un pequeño porcentaje de la mano de obra (hasta que logremos que ésta desaparezca gracias a la tecnología).

Confieso que yo no soy de las que cree que el ser humano es lo más importante en este planeta. De hecho, tuve mis diferencias y posterior quiebre con el grupo barcelonés del Movimiento Humanista porque estoy en total desacuerdo con su idea base. No obstante, creo en el equilibrio (dentro del desequilibrio que supone el ser humano), y creo en la justa repartición de los recursos entre las personas.

Al menos en la televisión española, ya hace un tiempo que veo anuncios publicitarios donde las marcas como Pascual (que produce leche) te informa que lo que estás pagando también es por un servicio que tiene un valor importante (la pasteurización, distribución, manutención del ganado, el diseño del empaque, las condiciones de éste, etc.). El detergente Ariel lo hace también. En épocas de crisis, cuando tanto Ariel y Pascual tienen como fuertes competidores a las “marcas blancas” (o “marcas propias”), tienen que revelar el valor real de su producto.

¿Podría esto abrirnos una nueva perspectiva del valor de las cosas?

Hay una buena cantidad de personas que sólo visten “de marca”, y hay otras tantas que las han condenado por la superficialidad que les han dicho que representan ellas y el gasto que conllevan. Pero, ¿qué hay más allá de la marca per se? Hay que diferenciar la palabra precio de la palabra valor (y prescindir ya de esas poses/etiquetas de neo-hippie o ultra-yuppie). Porque precio y valor son dos cosas diferentes, con consecuencias humanas y ecológicas completamente distintas. Hay mucha diferencia no monetaria de la cual no estamos del todo concientes, en comprar camisetas de dos euros en comparación de una de doce o de cincuenta (muy independientemente de la marca y la etiqueta).

Y sin embargo, muy pocas personas tienen el poder adquisitivo para cuidar el ambiente cuando visten. Hay procesos que por lo pronto son irreversibles, pero eso no está peleado con ser conscientes de la realidad en la que vivimos. Digamos que no soy Humanista, soy Concientista. Si es que eso existe…

Yo, por lo pronto, lo confieso: no lavo mi ropa con Ariel…

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2 pensamientos en “✼ Yo no lavo mi ropa con Ariel

  1. Muy interesante tu reflexión sobre valor vs. precio, estoy de acuerdo en que la mayoría de los casos estamos pagando en relación al rango social del trabajador que lo fabrica, en vez del verdadero valor del producto en sí… (vaya parida me ha salido) XD

    Esto me hace pensar en otro caso: el subidón que dan las obras artísticas cuando su autor muere (por ejemplo, Van Gogh) y la actual tendencia a sacar provecho económico por la muerte de un artista -sea pintor, cantante, etc.- ya famoso en su momento (nada más lejos, el caso de Michael Jackson)… En un primer vistazo, se puede entender que la obra de un artista no se le dé valor desde el primer momento, sea porque no se entendía en su época o porque se descubrió de forma póstuma al autor. Pero de ahí a monetarizar, no sólo la vida artística y la privada, sino también la muerte de alguien (incluso los famosos son personas), opino que es pasarse tres pueblos y un pantano…

    Bueno, creo que me alejado del tema, pero me ha dado qué pensar, ya lo creo. ;-)

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