✼ Color tierra

Un día vino A. Molins a preguntarme lo siguiente: “¿Tú eres de raza negra?”. No recuerdo si ese mismo día o unos antes nos habían dicho que existen tres razas de humanos en el mundo: negra, blanca y amarilla. Supongo el asombro de Molins al voltear a su alrededor y descubrir que entre las muchas personas blancas que había, se encontraban algunas café-con-leche, y otras tantas más bien tirando a ron-con-coca. Y si sólo había tres razas…

Yo, como Molins, no me reconocí en el blanco. Ella me metió en el chocolate para desconcierto de mi madre, quien sutilmente se lo tomó como un insulto discriminatorio y me pidió que no me sintiera mal. Yo seguía sin entender; ni siquiera cuando hice dibujito tras dibujito de unos muñequitos antropomórficos negro-noche, blanco-papel y amarillo-sol, aunque nunca hubiera visto a nadie tan blanco, tan negro o tan amarillo.

Tras el desconcierto inicial, no sólo frente al espejo, sino también frente a la decisión de si Molins me había insultado o no, me pregunté quién se había inventado esta excluyente clasificación y por qué. Pero como se suponía que yo debía sentime ofendida, nunca pedí explicaciones. Ahora no sé si allá por el año 88 únicamente en aquella primaria de ultraderecha católica enseñaban que los color tierra no tenemos clasificación o era algún hueco bajoautoestimesco en el sistema educativo mexicano. Y me pregunto por qué, si somos bastantes, no teníamos una clasificación superior en el catálogo mundial de tinturas. Ya no sólo me refiero a los latinoamericanos, sino también a los de India, Bangladesh, Irán, Turquía y/o Paquistán, por mencionar sólo unos cuantos.

Octavio Paz nos presentó con todas sus letras esa verdad irrefutable de que en la actualidad (incluso en nuestra actualidad) el pueblo mexicano vive con el conocimiento (sub)conciente de que ha surgido de una violación. Aún los que visiblemente no parecen los hijos bastardos de una etnia superior siempre lo reflejan en algo porque, como todos, tienen la cabeza agachada y buscan encontrarse en un reflejo mucho más claro de sí mismos; y cuando miran hacia arriba, siempre encuentran un blanco que les ciega.

Piotr y Ale antes del verano... ni negro ni blanco.

Piotr y Ale antes del verano... ni negro ni blanco.

Si alguien allí afuera tiene hijos, sobrinos o amigos en alguna primaria mexicana, pregúntenles por favor si les han enseñado cuántas y cuáles razas existen en el mundo. Espero que de 1988 a la fecha hallamos logrado entrar en la paleta dermatológica del sistema. Y si no, díganle la verdad a las Molins y a las Ales del mundo… y repítanselo a ustedes mismos.

Anuncios

3 pensamientos en “✼ Color tierra

  1. ¿Te acuerdas, Ale, de aquella bonita etiqueta de “raza de bronce”? El otro día yo discutía con un amigo como habemos gente a los que ni para “café con leche bajito de café” nos alcanza. Y pareciera que eso nos limita en la definición. O luego, quien a mí me dice “morena” porque, claro, tengo el pelo negro. O el marchante en el mercado de México que te dice “guerita” porque, claro, tampoco ese que seas morena azabache. Los pantones raciales están muy mal definidos. Así que no sé si sea mejor idea que uno no clasifique y nada más trate de definir… pues por el nivel de café que tiene el café con leche. Un abrazo.

  2. Eso de las razas es cosa del siglo XIX… La genética ha demostrado que los humanos somos idénticos en un 99,9999% de nuestro material genético. Fijarse en el color de la piel, los ojos, la altura o en si el pelo es liso o no es quedarse en el 0,0001 chiquito ese. ¡Menuda estrechez de miras!

    ¡Vivan l@s blanc@s que no van a tostarse a la playa, l@s negr@s que no se blanquean, l@s lis@s que no se rizan y l@s rizad@s que no se alisanl

    Apa, doncs, salut, macos i maques!

    • Pues ni tan del siglo XIX que yo nací en la segunda mitad del XX…

      La genética podrá demostrar lo que sea. Si al final A+B=C y de eso pocos dudan. La ciencia casi que es la verdad irrefutable. Lo verdaderamente complejo, más que la ciencia en sí, es el autoestima tambaleandte de todo un grupo de personas a quien ni siquiera se les ha tomado la molestia de definir.

      Si nos reconocemos a partir del otro (incluso esa otredad del espejo), ¿cuánto puede afectar que le digas a millones de personas que por su simple color de piel simplemente, no juegas, no participas, no importas, no saldrás en los libros de Historia?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s