✼ El silencio de los hombres hermosos 2

Hermoso

Eres hermoso le dijo ella, y retiró su cabello lacio de su rostro y lo colocó detrás de la oreja. La luna pudo iluminar esa cara que se perdía entre la brillantez de un cabello tan rojo como el fuego, tan brillante como limpios sus ojos.

Él se acercó a la barra. Quería pagar, como todas las veces, sin esperar a que le llevaran el ticket a la mesa. Ella le recibió el dinero y, mientras él contaba el cambio, lo tocó por primera vez; y por vez primera, él se fijó en sus veintitantos años, su acento extraño, sus ojos cansados.

Eres tan hermoso… le dijo mientras le devolvía una sonrisa a su perplejidad.

Y en verdad lo era. Tímido, así, como cada tarde, con la mirada baja, escondida tras su larga cabellera de ocaso. Era hermoso. Así, sin decir una sola palabra.

La miró volver al bullicio de las tazas y las copas. La miró toda su noche mientras se masturbaba y llegaba a su orgasmo solitario de las 11. Miró sus piernas negras y robustas, su ancha cadera y el cabello tan corto y tan profundo como las noches de verano. Soy hermoso, pensó. Y al mirar su reflejo en el cristal empañado del baño quiso poseerse, poseerla, poseer algo más largo que su propia cabellera. Soy hermoso, se dijo. Y creyó que en verdad lo era. Tan hermoso como un hombre solitario puede serlo cuando se ilusiona con una caricia y una mirada.

Volvió esa misma madrugada, pero ella ya no estaba allí. Ni la brillantez de su cabello rojo a la luz de las farolas pudo traerla de nuevo.

Aquellos mechones fulgurantes volvieron a cubrir su rostro, mas no su mirada. Aún quedaba la caricia en el borde de su oreja, allí donde descansaban sus gafas. Es hermoso, pensó. Y volvió a casa imaginando que se perdía entre las nubes naranjas de un cielo iluminado por la tierra, un horizonte en verdad maravilloso.

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2 pensamientos en “✼ El silencio de los hombres hermosos 2

  1. A la mente, se me vino la imagen que planteó Oscar Wilde en “El retrato de Dorian Gray”, cuando, después de disímiles sucesos, se ve a sí mismo frente a la pintura. Desde luego, es una concepción distinta: aquí se manifiesta como una imagen de afirmación acerca de la belleza; en la novela que ya he citado, sucede que se postra antagónico a lo impertérrito.

    ¡Salud!

    • Ostras, es verdad, sí que hay alguna relación ahí con el tema de El retrato… Y sí, el punto de divergencia es bastante contrastante en un texto y en otro.

      Pero hey, no siempre a una le hacen referencias a Óscar Wilde, así que ¡te agradezco! Y gracias también por leerme y tomarte el tiempo de comentar…

      ¡Un abrazo!

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